la tribuna

Emilio A. Díaz Berenguer

Caerse del caballo

Alo largo de los próximos meses vamos a poder contemplar cómo, de manera frecuente, habrá políticos que se convertirán en émulos del converso Pablo y, sin el más mínimo rubor, defenderán lo contrario de lo que hasta ese momento habían sostenido. Al tiempo.

No serán pocos los casos de aquellos que, en vez de caerse del caballo, se subirán al caballo ganador, sin más. Estos también habrán visto la luz, como el de Tarso camino de Damasco. A ambos, en castellano, se les conoce como oportunistas. Por cierto, esto será muy american way of politics, pero es que allí la superestructura política es totalmente diferente, digamos que más prosaica.

El difícil ajuste de los Presupuestos para el año 2012 y la nula disponibilidad de los dos grandes partidos nacionales a abrasarse asumiendo las posturas radicales que el encaje de los mismos va a requerir, léase decidir sobre el dilema más ingresos o menos gastos, podría hacer ingobernable el país, cuando tampoco los nacionalistas, PNV y CiU, están por la labor de crearse problemas ante una más que probable negociación de tironeros con el PP. Esta ha podido ser la razón de fondo del adelanto electoral.

Tardar tanto tiempo para proponer a Rubalcaba como candidato a las próximas elecciones generales, ha sido un enorme error de Zapatero, en su gestión como secretario general del PSOE. Ha templado demasiadas gaitas, tanto las que desafinan la situación económica, como las de las ambiciones desmesuradas y poco solidarias de algunos, y algunas, miembros del partido, que han defendido sus intereses por delante de los del propio PSOE.

Mantener la legislatura hasta marzo se hacía muy cuesta arriba y sólo hubiera sido posible si ETA hubiera firmado la paz de manera incuestionable. La última encuesta del CIS, reducía sensiblemente la distancia entre Rajoy y Rubalcaba, pero el Gobierno tendrá que poner en marcha nuevas medidas de contención del gasto y hubiera tenido que presentar, en su caso, un proyecto de Presupuestos muy conservadores. La decisión de Zapatero ya van a ser unos meses caóticos. Este caos lo van a aprovechar, entre otros, los oportunistas del caballo, en el contexto de la que va a ser, probablemente, una de las campañas electorales más tristes, y poco estimulantes, que hayamos vivido desde la restauración de la democracia en 1978.

Todo esto sin hablar del caso de las elecciones autonómicas en Andalucía. Sonaron ruido de sables entre Madrid y Sevilla para decidir si debían coincidir en el tiempo, o no, como si alguno de los actuales Presidentes tuviera un efecto de arrastre, positivo o negativo, mayor que el otro. No lo comprendo. Parece que alguien debe tener más moral que el Alcoyano. Así como el efecto Rubalcaba es temido por el PP, el efecto Griñán me recuerda al efecto Borbolla, con la única diferencia de que en vez de soplar la vela Alfonso Guerra, la va a soplar Javier Arenas, pero el resultado será el mismo. Ambos rompieron el cordón umbilical que les unía con la mano que les mecía la cuna y los ciudadanos lo valoran como una ambición desmesurada.

En definitiva, se avecina un escenario de aguas turbulentas en Andalucía, y en el resto de España, que va a exigirnos mucha lucidez para no caer en determinadas redes y que nos pasemos cuatro años arrepintiéndonos de ello. Esta democracia siendo representativa, no es participativa para los ciudadanos que desean hacerlo no sólo cada cuatro años, sino permanentemente a través de estructuras de la sociedad civil, como las que la izquierda anestesió, o neutralizó, tras su llegada al poder, tales como las asociaciones de vecinos, los colegios profesionales, etc. Muchos confiamos en que el movimiento del 15-M sirva para que el votante valore su decisión con un poco más de sentido de la responsabilidad.

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