crónica personal

Pilar Cernuda

Campaña descafeinada

AHORA sí, ahora empieza ya la campaña, aunque llevamos meses de campaña no oficial. La diferencia es que se podrá pedir el voto en los mítines y en los carteles, se podrán emitir cuñas y se celebrará el esperado debate entre Rubalcaba y Rajoy, que estuvo en globo durante dos días hasta que Valenciano y Mato tomaron decisiones sin vuelta atrás que aceptarán sus candidatos porque los dos se ponen firmes ante las instrucciones de sus jefas de campaña.

Es una campaña descafeinada porque aparentemente todo está decidido; el pescado está vendido, repiten distintos sociólogos y responsables de empresas de sondeos. Las campañas no suelen incidir en más allá del 2% de los votos y por mucha expectación que provoque el cara a cara entre Rubalcaba y Rajoy poco cambiará en estas dos semanas que faltan para las elecciones. Lo sabe incluso el colectivo de personalidades que apoya a Rubalcaba sustituyendo al grupo "de la ceja" que pedía el voto para Zapatero: se autodenominan "Ojalá". Cualquier experto en comunicación sabe que la peor de las estrategias es emitir mensajes en negativo.

Pero no es la peor de las noticias con las que el candidato socialista inicia su campaña electoral. El dato de paro de octubre es tan nefasto que hasta el ministro de Trabajo lo ha reconocido abiertamente. Y encima la juez el caso Campeón envía al Supremo una pieza separada para que se investiguen las relaciones entre José Blanco y el empresario Dorribo; y encima Papandreu ha creado una crisis en la Unión Europea que pone en cuestión la forma en que toma decisiones un gobernante socialista. Las únicas buenas noticias que recibe Rubalcaba son las que le da el Real Madrid. Y las que le dan sus amigos de los buenos tiempos del pasado, Guerra y González han sumado esfuerzos y aparecerán juntos en un mitin -después de años de distanciamiento- pidiendo el voto para el candidato del PSOE.

Rajoy va de presidente aunque hace esfuerzos para que no se le note. Se centrará en Andalucía y Cataluña, cantera de votos -hasta ahora- del PSOE, y las regiones con mayor número de diputados junto a Madrid y Valencia, que son terreno azul. Su único objetivo es no cometer errores, no equivocarse, no dar pie al adversario para atacarle personalmente o atacar a su partido.

Se trata de una campaña apasionante en el sentido de que los dos contrincantes son pesos pesados de la política, pero también es una campaña con pocas emociones porque aparentemente el resultado es inamovible. Aparentemente, en política las cosas pueden cambiar en cuestión de horas, pero incluso si se produjera un acontecimiento inesperado tendría repercusión mínima, por esperado.

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