La lluvia en Sevilla

¡Carril selfi, ya!

El Puente de Triana se ha convertido en un 'photocall' de dimensiones colosales

Quizá ahora es buen momento, dado que en la ciudad se están construyendo hoteles a cascoporro -no queda un albañil disponible en kilómetros a la redonda- y dado que a la Alcaldía le viene de perlas en estos momentos hacerse notar con grandes proyectos, para reivindicar un carril selfi para Sevilla. Sería como el carril bici, pero para instagramers, influencers y demás fauna digital. La calle San Fernando, por ejemplo, quedaría compartimentada en cuatro zonas: la del tranvía, la de las bicis y patinetes, la de la gente sacando morritos y haciéndose fotos y la de los peatones que, como todo el mundo sabe, está tomada por veladores, sombrillas, papeleras, macetones, quitamiedos, aspersores de fresquito y demás mobiliario hostelero. Ciertas zonas "peatonales" del centro son de todo menos peatonales; como viandante reconozco que por algunas de ellas camino esquivando cosas, o pegada a la pared. Sería más correcto denominarlas "calles por donde no pasan coches".

El carril selfi sólo tiene ventajas: evitaría accidentes, pues hay gente que muere, literalmente, por echarse una foto con la Giralda de fondo, y haría más amable el tránsito por la calle, pues, aunque las gentes de Sevilla somos especialmente transigentes y educadas con quienes se están echando una foto, reconozco que ya comienzo a pasar por el espacio que media entre la señorita o señorito que estudia la posturita y el colega que va a retratarlo. Es que, si no, no llego en la vida a mis citas. El Puente de Triana se ha convertido en un photocall de tal magnitud que, una de dos: o no estropeas las instantáneas pero te arriesgas a que te atropelle una bici, o sales en primer plano de fotos ajenas con cara de malaje. (A veces opto por caminar, como funámbula por el alambre, por el filo metálico que separa el arcén de la vía). Sin que sirva de precedente, propongo comenzar la ejecución del carril desde el centro hacia la periferia, teniendo en cuenta la densidad de tráfico de ensimismados que viven pensando en cuál es su mejor perfil. Los puntos negros de la ciudad, donde se concentran el mayor número de instagramers, tales como el ya mencionado puente de Triana, las Setas, alrededores de la Giralda y de la dársena del río, Plaza de España y el grafiti de Camarón de las Tres Mil, habrían de cerrarse al tránsito a la hora del crepúsculo, para que los obsesionados con salir guapos en las fotos se harten de retratarse sin que el resto de mortales que les arruinemos el plano con nuestra idea -descabellada- de ir y venir por la ciudad. Podrían incluso nombrarse barriadas libres de selfis, por donde poder campar sin encontrarnos a nadie que quiera atrapar el instante, captar su propia sonrisa impostada, aliñarse con filtros y subir todo ello a las redes acompañado de alguna frase supuestamente profunda. Por caridad: carril selfi en Sevilla, ¡ya!

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