Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Caza de brujas

EL gusto por la truculencia está seriamente encolado en la sociedad de nuestro tiempo. Nos divierte especular sin recato y extender sin contemplaciones el mal de uno a toda la comunidad o a una parte de ella. O hacer inducciones temerarias que ensucian y condenan a algunos de los nuestros, especialmente a aquellos que militan en las generaciones más jóvenes, generaciones que sobreviven en la incertidumbre del día a día como si fueran plantas vivaces. Un día los psicólogos debieran comprobar si las sucesivas teorías de la conspiración han convertido a muchos ciudadanos en maquinadores por cuenta propia. El ruido sordo de la intriga se ha convertido en una lóbrega música de fondo que sólo disminuye durante las vacaciones y los puentes festivos. Eso es de hecho lo mejor de las vacaciones, la disminución del celo confabulador mientras exponemos la vida devorando kilómetros en las autopistas. Más que un placer de adultos es un vicio de una sociedad entre proterva y provecta.

Un acontecimiento luctuoso ha interrumpido la deliciosa tregua de Semana Santa, la muerte de una chica de 13 años en Seseña, Toledo, y la posterior detención de una menor de 14, compañera de colegio, como supuesta autora del crimen. Los detalles exactos se desconocen pero parece que eran rivales, discutieron y la mayor golpeó a la otra, o la empujó a un pozo, donde pereció desangrada. O que le cortó la muñeca y la abandonó exangüe. No está claro por el momento. Terrible sea cual sea la hipótesis cierta. Pero como en otros casos criminales donde hay menores implicados, el estremecimiento no ha parecido suficiente y el ventilador de la iniquidad se ha puesto en marcha y han comenzado las interpretaciones: paliza brutal, golpes hasta la muerte o crueldad juvenil. Y a continuación las consabidas inducciones morales, es decir, la formulación de juicios generales a partir de un caso particular y aislado, y la gran friega se la llevó ese concepto tan acaparador como inconcreto que los adultos denominados despectivamente "esta juventud", como si nada tuviéramos que ver con sus gustos o inclinaciones. Y renacieron los juicios sobre la juventud perdida, la precocidad criminal, etcétera.

Supongo que de un día para otro empezará la recogida de firmas para cambiar la ley y hacer más complicado a los jóvenes el logro de una reputación fiable. Para colmo, en el caso de Seseña, la chica detenida es cubana. Ayer el alcalde del pueblo tuvo que intervenir: "Todo el odio va hacia una misma persona, o un mismo grupo, sin que todavía hayan condenado a nadie", dijo. Y advirtió del riesgo de que se desencadenara una "caza de brujas" con tintes xenófobos.

¡Pobre juventud! ¡Pobres cubanos! ¡Pobres especuladores!

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