La ventana

Luis Carlos Peris

Concha y el elixir de la perpetua lozanía

DICEN que fue en la isla de Pascua donde se dio con el elixir de la eterna juventud, algo que nada tiene que ver con el bálsamo de la perpetua lozanía. Este último es el que parece haber bebido Concha Velasco, una mujer que fue ganando con el paso del tiempo y que ahora, en el presunto otoño de su vida, luce esplendorosa. Concha siempre ha mejorado a aquella Conchita de Las chicas de la Cruz Roja y de tantas películas como hizo en su ya lejana juventud. Hoy se despide de Sevilla y los que la han visto estos días en el Lope de Vega cuentan y no acaban de su fuerza, de su entusiasmo y de su tremenda calidad de artista grandiosa. ¿Y esas fotos que venían antier en todos los papeles? Sus piernas, mostradas con la generosidad de la que confía en sí misma, son como dos sonetos a los que no les falta nada. Ni les falta ni, mejor aún, les sobra, que hay que ver qué piernas las de Concha.

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