la tribuna económica

Rogelio / Velasco /

Crisis y vulnerabilidad corporativa

UNO de los fenómenos más singulares que se produjo durante la época de la gran expansión de la economía española, fue la expansión en paralelo de las grandes empresas en los mercados internacionales. Esto se produjo, en gran medida, a través de la adquisición de competidoras locales en el extranjero. En términos de tamaño, el resultado final fue la construcción de grandes grupos empresariales que, por sus elevadas valoraciones en bolsa, lo hacían inexpugnables a la adquisición hostil por parte de grupos empresariales extranjeros.

Como en tantos otros aspectos, la crisis ha modificado también esa relación de fuerzas. Existen en la actualidad muchas compañías españolas que son vulnerables, en la medida en que la caída de las cotizaciones en la bolsa española ha sido mayor que en las restantes bolsas occidentales. Durante los últimos cinco años, el Íbex ha caído un 50%. Al otro lado del Atlántico, el Dow Jones ha perdido sólo un 15%. Más próximo y comparable a nuestro mercado, el Eurostoxx50 ha caído un 30% y el Dax alemán prácticamente no ha caído durante todo ese periodo, debido a la recuperación sostenida del mercado alemán desde el pasado año.

Aunque no es el mejor momento para realizar operaciones corporativas, hemos de pensar que los potenciales adquirentes no son sólo europeos. Potentes compañías chinas están a la espera de poder realizar operaciones aprovechando, justamente, el bajo precio de adquisición. Incluso al otro lado del Atlántico, algunos países de América Latina están realizando lo que nunca antes habían hecho en la historia: comprar empresas fuera de sus fronteras.

Existen fuertes grupos empresariales en Brasil, México y Chile, que están preparados para dar el salto a Europa si encuentran una oportunidad. Especialmente en el caso del último país, su pequeño mercado doméstico hace de las adquisiciones en el exterior la vía más rápida -y única- de crecer.

Aún cuando se trate de ámbitos distintos, las bajas valoraciones societarias pueden afectar también negativamente a las cuatro cajas de ahorro de ámbito regional y nacional que han quedado en el mercado español. Si las autoridades comunitarias continúan presionando, para forzar a que las cajas coloquen en el mercado acciones de los bancos en los que actualmente detentan una mayoría de capital, de forma que se transformen en socios de referencia pero en minoría, se producirán dos efectos evidentes. Primero, en algún caso podrían convertirse en objetivos de adquisición, deslocalizando las actividades y funciones corporativas.

Adicionalmente, el hundimiento actual de la Bolsa repercutiría de manera muy negativa en la valoración y venta de las actuales participaciones de las cajas en los bancos. En este sentido, las autoridades comunitarias no deberían imponer plazos de venta muy cortos, porque en ese caso se estaría entregando a los inversores buena parte del valor creado. Un valor que ha costado tantos años en ser construido -en algunos casos, siglos- no debería disiparse por la venta precipitada de acciones. Ya ocurrió en Italia durante la década de los noventa cuando se privatizaron las cajas de ahorro. No repitamos los mismos errores.

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