La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Cruzada contra el zarrapastroso en Sevilla

Cada sevillano debe darle un abrazo al concejal Ignacio Flores, un ardoroso guerrero contra el mal gusto y directo a la derrota ¡Que salgan los carteles y nos libren del cartel! Alberto y Ascen nunca nos molestan

Una despedida de soltero.

Una despedida de soltero. / (Sevilla)

El mal gusto de las despedidas de soltero no lo soluciona ni la Gendarmería Vaticana, la de los agentes que levantan a los incautos turistas que se recuestan en el firme de adoquines de la Plaza de San Pedro a tomar el sol de Roma y contemplar la columnata de Bernini con esas azoteas donde se enseñorean las gaviotas del puerto de Ostia. Resulta entre entrañable y emocionante comprobar los intentos del gobierno local de Sevilla por poner coto (Doñana) a los excesos de estas celebraciones, verdaderos ejemplos del feísmo, pero amparadas en el amplio concepto de la libertad. ¡Viva la libertad!, que dijeron en 1812. La denominada Ordenanza de Medidas para el Fomento y la Garantía de la Convivencia Ciudadana en los Espacios Públicos de Sevilla dicta que ir por la calle desnudos, en ropa interior o exhibir artículos en forma de genitales podrá conllevar multas de hasta 750 euros. ¿Y qué hacemos con los turistas con la piel de salmonete que pasean en verano con la botellita de agua en una mano y el teléfono en la otra? Al menos parece que podremos ir en bañador y chanclas por Sierpes. La ciudad parece un paseo marítimo de municipio costero con colapso urbanístico en cuanto sube el mercurio. La ordenanza Flores (Ignacio), así llamada en honor del concejal promotor, está proyectada contra el visitante zarrapastroso, que rima con ruidoso y escandaloso. Que le vaya bonito a Flores, que dirían en México. Retrocedemos cuarenta años, denuncia el concejal socialista Juan Carlos Cabrera, al que no imaginamos ni en ropa interior ni en bañador por las calles. La Sevilla de hace cuatro décadas era más fea, aunque conservaba más edificios de interés patrimonial y muchísimos negocios propios. No tenía AVE, pero no estaba de moda enseñar la marca de los calzoncillos. La vía pública no estaba tomada por los veladores, pero en el interior de los negocios era insoportable estar si coincidían varios fumadores. A Zapatero siempre le agradeceremos la UME y haber quitado el consumo de tabaco de los bares, pero en todo lo demás es para mandarle una colección completa de los pregones. Todo era mejor o peor hace cuarenta años, según se mire. Y según quién mire.

Si Juan Bueno, siendo teniente de alcalde durante el zoidato, no pudo sacar aquella ordenanza que obligaba a los policías locales, entre otras cosas, a ir bien afeitados, hablar de usted y no subirse las gafas a la frente, cómo vamos a obligar al personal a no ir en ropa interior. Si hasta hemos tenido una Verguería en la calle Cuna y otra en Sierpes... Cada sevillano que vea a Ignacio Flores debe darle un abrazo. Es un cruzado, un romántico. Con ardor guerrero. Y directo a la derrota. 

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