La ciudad y los días

carlos / colón

Cualificación e incompetencia

SEGÚN el informe anual de la fundación Conocimiento y Desarrollo, uno de cada tres titulados universitarios españoles está empleado en un trabajo por debajo de su cualificación, lo que sitúa a España a la cabeza de sobrecualificación de Europa, y un estudiante japonés de Secundaria superior tiene un nivel de competencias similar al de un graduado universitario español.

La educación empezó a irse al cuerno en España entre los libros blancos de 1969 y 1989, y entre sus dos consecuencias prácticas que fueron la Ley General de Educación de 1970 y la Logse de 1990. Entre los más graves males derivados de la última cuéntense la devaluación del esfuerzo, el desprecio hacia las humanidades y la descentralización que permitió a las autonomías establecer en un alto porcentaje los planes de estudio: gracias a ello, entre otros males, varias generaciones de vascos y catalanes han sido adoctrinados de acuerdo con las manipulaciones históricas nacionalistas.

Que la Logse fue un fracaso de graves consecuencias lo atestigua la comparación entre sus propósitos y la realidad actual. "Asegurar la calidad de la enseñanza -decía su Preámbulo- es uno de los retos fundamentales de la educación del futuro. Por ello, lograrla es un objetivo de primer orden para todo proceso de reforma y piedra de toque de la capacidad de ésta para llevar a la práctica transformaciones sustanciales de la realidad educativa". ¿Se ha logrado? Es evidente que no. Luego más allá de toda opinión subjetiva o apriorismo ideológico puede afirmarse que fracasó en su objetivo fundamental.

Después vino el Plan Bolonia que, entre otros errores, pretende (porque ni eso logra) convertir las universidades en incubadoras de mano de obra para el mercado. Savater, Atienza y otros profesores publicaron en 2009 un artículo en el que se preguntaban: "Es casi imposible no pensar que lo que la reforma de Bolonia va a producir en un futuro inmediato, con la sustitución de las licenciaturas por grados, es justamente una degradación de los estudios y de las titulaciones; o sea, los graduados de mañana sabrán menos que los licenciados de hoy y tendrán un título que les abrirá menos oportunidades laborales. ¿O alguien cree que por arte de birlibirloque lo que antes se aprendía en cinco años va a poder ahora asimilarse en cuatro?". Cinco años más tarde sabemos la respuesta. Por desgracia.

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