La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Cultura y podredumbre

Escribí sobre 'Vértigo' por hartazgo y asco del mediocre, además de corrupto, momento político que vivimos

Escribía ayer una lectora: "La prensa está para tratar la actualidad por encima de todo, y para hacerlo de la manera más imparcial posible. Hablar del aniversario de Vértigo en un momento político como éste no le hace bien al periodismo. ¿Qué diríamos de un periódico que hablara de cine en el momento de la sentencia por los ERE?". He de aclarar que no soy periodista, sino articulista. En este periódico se publicaron ese día artículos de opinión e informaciones que cumplían con la obligación periodística para con la actualidad. Y he de recordar que la cultura, la sociedad o el deporte, y no solo la política, son actualidad periodística.

Decidí escribirlo ese día, precisamente ese día, sobre Vértigo por hartazgo y asco del mediocre -además de corrupto- momento político que vivimos. Tanto en lo que a Rajoy y el PP se refiere como a Sánchez y el PSOE. Y peor que mediocre, siempre en mi opinión, si miro a Iglesias y Podemos o a los nacionalistas burgueses o radicales vascos y catalanes. Sólo de Ciudadanos espero algo hoy, pero lo veo errático y excesivamente dependiente de su líder, bordeando el camino de aquella UPyD que gracias a su manifiesto fundacional nació mejor armada en valores que Ciudadanos pero sucumbió a su falta de estructura y al exceso de personalismo de su líder. Visto lo cual decidí abrir ese día la ventana de Vértigo como gesto de ventilación y en beneficio de los lectores tan hartos como yo (y no debía ser el único: fue el segundo más leído aquel día). Si alguien pensó que con ello "silenciaba" la sentencia del Gürtel, como la TVE franquista emitiendo toros y fútbol el uno de mayo, me daba más importancia de la que tengo e ignoraba el resto del periódico.

Mientras los franquistas bombardeaban Barcelona el traductor de las hermosas ediciones de la Ilíada y la Odisea para Austral, mi admirado Luis Segalà y Estaella -quien por cierto fue catedrático de griego en nuestra Universidad en 1899 y miembro de la Academia de Buenas Letras-, siguió traduciendo sus clásicos hasta que una bomba lo mató en Barcelona en marzo de 1938. Era su forma de resistir. Lo mismo podría decirse de Pau Casals grabando en Londres entre 1936 y 1939 las suites para violoncelo de Bach. Lo mío fue un intento, minúsculo hasta lo irrelevante, de afirmar la grandeza frente a la miseria. Prometo a la lectora escribir de cine el día de la sentencia de los ERE.

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