La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

Curso exprés de 'proctoring'

En Italia ya ven un Covid-19 mucho menos agresivo; en Alemania, China y Corea dan pasos atrás. Elijan su 'verdad'

La supervisión online de los exámenes, uno de los desafíos del curso del coronavirus en España. La supervisión online de los exámenes, uno de los desafíos del curso del coronavirus en España.

La supervisión online de los exámenes, uno de los desafíos del curso del coronavirus en España.

Si se dedica a la docencia o tiene algún hijo en edad escolar -del instituto a la universidad- habrá empezado a oír este palabro: proctoring. Los estudiantes están rebelados. En Granada publicamos hace un par de días una carta estudiantil de protesta que titularon "enseñar o evitar copiar". Se mostraban indignados por la falta de preparación y motivación de muchos docentes y denunciaban que se recurriera a un "sistema de videovigilancia" para evitar el plagio en las pruebas online.

El término es inglés ("supervisión de un examen por medios telemáticos") aunque resulta curioso que sea el apócope de una palabra latina algo más amable: ese "procurator" que recuerda a los herméticos personajes que se ocupaban de las cuentas en los conventos y que, hoy día, lidian en los tribunales representando los intereses de otros. "Encargarse de algo"; "cuidar de alguien"... En la práctica, y pese al revuelo que se ha generado como si fuera una operación ilegal de espionaje, lo de hacer proctoring no es más que pedir al alumno que active su cámara y su micro durante el examen virtual para comprobar que no se copia y que nadie ha suplantado su identidad (ya hay quienes están vendiendo sus conocimientos por internet por un puñado de euros).

Misión (casi) imposible. Como querer aventurarnos en predecir la evolución del coronavirus: con apenas unas horas de diferencia, desde Italia nos dan esperanzas asegurando que están detectando casos mucho menos virulentos en los hospitales -¿se podría apagar el virus antes incluso de que se desarrolle la vacuna?- y desde Alemania, China y Corea del Sur nos alarman con datos que parecen anticipar las temidas segundas oleadas. Más restricciones, más confinamiento y otra vez a cerrar comercios y bares.

Tan (casi) imposible como querer sacar la política de la operación desescalada. Los científicos no terminan de poner en orden la complejidad de indicadores técnicos que están condicionando la propagación de la epidemia (de la movilidad a la densidad poblacional; del clima a la contaminación) pero desde las instituciones ya tienen claro que las recetas tienen que ver con (sus) intereses partidistas. Con patrias y con banderas. Como si el virus saltara por provincias y autonomías mirando quién gobierna.

El problema no es el proctoring; el problema es que el Covid-19 ha puesto el curso (nuestra cotidianidad) patas arriba y no somos capaces de enderezarlo sin pagar un alto precio y dejar de engañarnos.

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