Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Dardos envenenados

La derrota electoral y la sentencia de los ERE dejan al PSOE andaluz en situación de extrema debilidad

Si no me equivoco fue la reinante Isabel II la que puso en circulación la cursilada del annus horribilis para lamentar la sucesión de desgracias que afectaron a su país en torno a la horrible muerte de la princesa Diana, allá por el lejano 1997. Pues para annus horribilis el del PSOE de Andalucía, en general, y el de Susana Díaz, en particular. Dentro de unos días va a hacer un año de que, mediante una carambola política con la que nadie contaba, los socialistas se veían obligados a abandonar el fortín que habían creado en el palacio de San Telmo y que habían logrado mantener durante 37 años. Desalojados del poder, han ido dando tumbos como un pollo sin cabeza durante todo este tiempo sin que Juanma Moreno sintiera en ningún momento el aliento de la oposición como una amenaza. Y para terminar de completar el cuadro, la sentencia de los ERE, conocida el pasado martes, sitúa abiertamente en los terrenos de la delincuencia penal la gestión de los fondos públicos que hicieron los gobiernos socialistas de la Junta al menos, que se sepa, durante una década.

Estos dos misiles en la línea de flotación de lo que parecía un portaviones indestructible -derrota electoral y condena penal, social y política- no sale gratis y las vías de agua abiertas amenazan con hundir el buque para siempre si no se taponan con inteligencia y en no demasiado tiempo. Pretender que lo ocurrido entre el 2 de diciembre del año pasado y el 19 de noviembre de éste no requiere de medidas quirúrgicas es ponerse una venda delante de los ojos o, lo que sería más grave, poner otros intereses por encima de los del proyecto político que se dice defender. Lo siento por Susana Díaz, que está atravesando los peores momentos de su ya larga carrera política. Hace menos de un lustro parecía la persona elegida para regenerar desde una izquierda moderada y pragmática la vida nacional y era agasajada y jaleada por lo más granado del Ibex 35 y por las instituciones que representan la esencia del Estado. Los muchos errores cometidos por su partido y los no pocos que cometió ella misma acabaron con aquellas expectativas y hoy el panorama para Díaz es el que es, por más que se esfuerce en aparentar otra cosa.

No asumirlo sería un error más, quizás el último. La reacción de los socialistas andaluces a la sentencia de los ERE es fiel reflejo de lo que les está pasando. La secretaria general guardó un sonoro silencio de dos días para luego irse de televisiones a Madrid a proclamar que ella y Pedro Sánchez tienen la misma responsabilidad en lo que ha pasado en Andalucía: ninguna. Lo malo es que tal y como están las cosas hay dardos envenenados que, si se disparan mal, como es el caso, pueden terminar clavados en el lanzador. Al tiempo.

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