La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Asunción es la aldea de los galos contra el turismo invasor
Es una catetada, y además viejuna, pensar que la pintura es un arte superior a la fotografía, algo más creativo, más personal o más distinguido. Son dos formas de expresión artística que poseen idéntica capacidad para interpretar y expresar la realidad con la imprescindible carga de subjetividad creativa que toda obra ha de tener. La segregación de los fotógrafos de los carteles de las fiestas de primavera (Ayuntamiento) y Semana Santa (Consejo de Cofradías) tiene mucho de esta catetada viejuna.
Singularmente -por centrarme sólo en clásicos sancionados por el tiempo- podemos empezar por recordar los espléndidos y tan originales fotomontajes de Serrano. Y tras ellos el cartel de Haretón de 1962, con el Cristo del Calvario en plano cenital sobre la ciudad, inspirado en el dibujo de San Juan de la Cruz que a su vez inspiró a Dalí; los de Luis Arenas de 1967, también dedicado al Calvario -según él la imagen más fotogénica de Sevilla- con el Cristo enfilando Fray Ceferino bajo un cielo prematuramente azulado, de 1971, con el Cristo de las Misericordias por Mateos Gago o de 1979, con el Gran Poder enfilando la Cuesta del Bacalao por la que, curiosamente, hacía ya unos cuantos años que no pasaba; y los de Emilio Sáenz dedicados a la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso saliendo de la Catedral (1976) o Pasión en la plaza del Salvador (1984).
Si no me equivoco el Ayuntamiento no encarga un cartel fotográfico de las fiestas de primavera desde 1979 (y conozco a quien sale en él sentada a la grupa), contando además con escasos precedentes: solo fueron fotográficos en más de un siglo los de 1962, 1971, 1972, 1973, 1976, 1977 y 1978. En cuanto al Consejo, que tan magníficos carteles encargó a Gutiérrez Guillén (1980: luna llena y Salud de San Bernardo), Salazar (1981 y 1983, la Esperanza en Parras y la salida del Amor) o Zamora (1989, el Amor enmarcado en la Puerta de Palos), no encarga un cartel fotográfico desde 1991. ¿No va siendo hora de darle a la fotografía la importancia que tiene como forma de creación artística, tanto desde el Ayuntamiento como desde el Consejo?
Además de razones de justicia y de aprecio del arte de la fotografía, las hay también prácticas para alternar pintura y fotografía. Sólo la Florencia de los Medici, la Sevilla del siglo XVII o el París de 1900 darían para que se crearan dos buenos carteles pictóricos cada año. Y no creo que nadie dude que los tiempos son otros.
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