La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Día azul y grande en Sevilla

Histórica, cultural, artística, devota y popularmente, hoy es uno de los días grandes de Sevilla

Vísperas fernandinas de la Inmaculada tuvimos con la procesión de la Virgen de los Reyes ayer. Del siglo XIII al XX, de aquel 23 de noviembre de 1248 en el que la Virgen de los Reyes entró en Sevilla traída por San Fernando al 16 de junio de 1946 en el que Roma reconoció la centenaria devoción que la ciudad le profesaba, convirtiendo en oficial, a petición del cardenal Segura, devotísimo de esta Virgen cuya sabatina solía presidir, su patronazgo popularmente reconocido de antiguo.

Sucedió con la Virgen de los Reyes lo mismo que siglos antes con la Inmaculada. En Sevilla la devoción popular siempre va por delante de Roma. El pionero voto concepcionista de la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla se remonta al 29 de septiembre de 1615, 239 años antes de que Roma lo proclamara dogma el 8 de diciembre de 1854. Y la asombrosa iconografía de la Inmaculada fue creación sevillana de Pacheco -"no tiene niño en los braços, antes tiene puestas las manos, cercada del Sol, coronada de Estrellas, i la Luna a los pies"-, Murillo, Zurbarán, Velázquez o Montañés. Lo que empezó con Duns Scoto y los franciscanos en el siglo XIII se convirtió en imagen en Sevilla en el XVII logrando hacer visible un concepto teológico de casi imposible representación: la Virgen liberada del pecado original desde su concepción. Con tanto acierto que el pueblo incorporó a sus devociones tan compleja interpretación iconográfica convirtiéndola en una de las más queridas y populares.

Las sutilezas de los teólogos fueron convertidas en sutilezas pictóricas y escultóricas. Bastó el pasado lunes ver la hermosa y proporcionada -¡y además en su fecha!- procesión de la Pura y Limpia. Basta ir a la Catedral y sumergirse en el reflexivo silencio esculpido de La Cieguecita montañesina, la única madre posible del Señor de la Pasión, tan lamentablemente huérfana de culto siendo posiblemente la mejor, más bella, serena y honda representación sevillana de la Virgen. Basta ir al museo de Bellas Artes y ver La Colosal de Murillo. Basta ir al Postigo y ver la Pura y Limpia, tan llena de minúscula gracia. Introvertido silencio de la Inmaculada montañesina, trompetería orgánica de Correa de Arauxo la Colosal murillesca, elegante y airoso fandango de Soler la sevillanísima, menuda y delicada Pura y Limpia. Histórica, cultural, artística, devota y popularmente, hoy es uno de los días grandes de Sevilla.

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