Editorial

Días decisivos para Afganistán

SE daba por descontado. Que los meses de julio y agosto iban a ser los más difíciles de los últimos años para los soldados occidentales desplazados a Afganistán era previsible por varias razones, entre ellas porque los insurgentes siempre han intensificado sus actividades terroristas durante el verano. A ello se suma este año la proximidad de las elecciones presidenciales del próximo día 20. Con 75 muertos entre las fuerzas de la misión de la OTAN, la prensa internacional ha destacado que el mes de julio ha sido el más mortífero desde el inicio del despliegue de las fuerzas de la ISAF. ¿Se encuentra la comunidad internacional al borde del fracaso en Afganistán? ¿Están los talibanes en situación de volver a entrar en Kabul como ya lo hicieran en 1996, aprovechando el caos generalizado que supuso la guerra entre facciones después de la victoria de los muyahidines sobre el Ejército soviético? Hay elementos inquietantes que no descartan tal escenario: debilidad del Gobierno afgano, que apenas controla la capital, Kabul, pero es inexistente en el resto del país; corrupción generalizada; ausencia de ayuda efectiva para la reconstrucción de los pilares que conforman un Estado; multiplicación de víctimas civiles en ataques aéreos... Todo ello va conformando un lecho sólido sobre el que crece el descontento y la rebelión. Así las cosas, la Alianza Atlántica parece dispuesta a relanzar una afganización del conflicto largamente esperada. Se trata de que las fuerzas de seguridad afganas sean capaces de hacerse con el control de la situación y que la mayor parte de la ayuda occidental se pueda volcar en la reconstrucción de las infraestructuras civiles en mayor medida que en el esfuerzo militar. El nuevo secretario general de la OTAN, el danés Anders Rasmussen, lo ha dejado claro al decidir que su primer viaje oficial fuera a Afganistán: la OTAN no se puede permitir un fracaso y para ello debe poner en marcha una estrategia en la que se conjuguen la vía militar y el diálogo. Si el optimismo parece indecente en estos momentos, lo peor, el regreso de los talibanes, no está escrito aún.

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