Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Diego Capel, el típico revulsivo

Si hay alguien capaz de desbridar un partido trabado, ése es el sevillista y de esa manera debe ser considerado

ESTÁ claro que esta selección campeona despierta pasiones y también controversias, abre expectativas y mueve a la polémica. Y tras la trabajada victoria sobre Bosnia y Herzegovina, que no son dos sino una sólo, ese calor que rodea de nuevo al equipo nacional ha derivado en dos posturas, que juegue Capel o que se continúe con la filosofía que nos llevó a alzar la Eurocopa en el Prater, hoy Ernst Happel. Hasta Johan Cruyff se ha decantado por sacrificar al joven talento sevillista en beneficio de la continuidad, en pro de ese fútbol de toque y en detrimento del desborde y picardía que tan bien ejecuta el revolucionado Diego.

Es una ecuación de complicada salida eso de qué es mejor, si lo que había o lo que había más la guinda fresca del almeriense. Creo que lo ideal sería compatibilizar ambas cuestiones y lo que no sé en estos momentos es si le conviene al bloque que Diego esté de salida. Han sido muchas y solventes las voces que claman contra el individualismo de Capel y creo que son ganas de convertir en defecto su principal virtud. Diego tocando es uno menos, nada que ver con Cesc o Silva, pero desbordando es único, sobre todo cuando se sabe que Messi, Robben y Agüero no son utilizables por el seleccionador nacional, por lo que en ese aspecto sólo queda él.

Tiene Diego el mismo hándicap que todos los que no estuvieron en la Eurocopa, la altura del listón y el recuerdo del fútbol que se hizo allí, pero de eso a querer descabalgarlo de la empresa va un trecho largo. Por lo tanto y recapacitando sobre lo visto en la Condomina el sábado hay que sacar varias conclusiones. La primera es que estuvo a punto de abrir la lata y si no lo hizo fue porque Villa erró desde los once metros; otra es empasteló el fútbol de los que juegan a un toque y que el fútbol de este pasado verano volvió a su marcha. Entonces creo que lo ideal es que se utilice para lo que está llamado, para ser el revulsivo que raro es el día que no se necesita.

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