Editorial

Distensión para el diálogo

TRAS semanas de alta tensión diplomática entre España y el Reino Unido por la ocurrencia del Gobierno de Gibraltar de Fabian Picardo de lanzar bloques de hormigón al mar para ejercer la soberanía de las aguas que reclaman como británicas en la Bahía de Algeciras, impidiendo con ello la pesca tradicional en esa zona, en los últimos días ha habido signos de distensión. La comparecencia a petición propia del ministro José Manuel García-Margallo ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados sirvió para explicar con nitidez la postura española respecto al contencioso, no exclusivamente de la crisis provocada por los bloques, y con el tono empleado por el ministro, en fondo y forma, tendió la mano al diálogo sin renunciar a los postulados que España reclama. El ministro contó la propuesta de las reuniones ad hoc sin enfatizar cuál será la mecánica ni quién participará: un signo de que se pretende evitar llamar cuatripartitas a estas citas, que en realidad es lo que serán porque sentarán en la mesa a las administraciones con competencias, lo que sin duda concierne a la Junta de Andalucía. Otro signo inequívoco de distensión es que los primeros ministros de ambas monarquías parlamentarias mantuviesen contactos bilaterales para abordar la crisis creada por Gibraltar. Aunque ni Mariano Rajoy ni David Cameron dieron muchos detalles, sus palabras abren la vía del diálogo, seguramente bajo la fórmula de citas ad hoc. Si hay representación andaluza, España habrá logrado un primer objetivo: romper el trato de Estado, sin serlo, que Gibraltar recibió en el Foro de Diálogo. Queda mucho que hablar y, no hay que engañarse, la resolución de este enquistado conflicto está muy lejos. Al menos, el Gobierno, ante el Congreso, aclaró que la política de España va a ser firme en cuanto a que la prosperidad de Gibraltar no puede basarse en perjudicar la Hacienda española mediante el contrabando y el fraude fiscal. El énfasis puesto en que, aún estando en la lista blanca de la OCDE, Gibraltar sigue siendo un centro off shore que compite con deslealtad con el resto de la UE es acertado. Y la coherencia de la política expuesta exige mantener, porque son legales y obligatorios, controles aleatorios y exhaustivos para atajar prácticas ilegales. No sólo porque es un deber, sino porque en términos políticos ponen también a Picardo en el aprieto de explicar a su población qué necesidad tenía Gibraltar de atacar así a unos pescadores sólo por motivos de ultranacionalismo. Es bueno que se recupere el diálogo y que se mantenga firme la defensa de los intereses españoles -inmediatos y no sólo de soberanía- y es deseable unidad política en torno a ello en España.

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