editorial

División en el partido del Gobierno

EL PSOE andaluz salió de su 12º Congreso de este fin de semana más debilitado de lo que entró: el liderazgo de José Antonio Griñán fue cuestionado por un 30% de los delegados, mientras que su dirección salió elegida por un 65,82%, una cifra magra para un partido que gobierna. Porque ése es el asunto: el PSOE sustenta al Ejecutivo de la Junta en una coalición de IU, donde, tal como defiende Griñán, hay lealtad entre sus miembros, pero algunas bases de la federación de izquierdas comienzan a dudar de si les sale rentable aplicar políticas que, aunque impuestas por Bruselas, consideran de derechas. El PSOE, además, como partido de gobierno, debe hacer frente, desde Andalucía, a una crisis económica sin precedentes desde principios del siglo pasado, que puede pasar factura no sólo al tejido productivo del país, a las empresas y a los trabajadores, sino al propio esquema del Estado autonómico y de bienestar. Es, por tanto, el momento menos adecuado para que el PSOE abra una crisis que, además, no reside en diferencias ideológicas, de estrategias o de aplicación en la gestión; es una pura lucha de poderes fruto de un relevo en su liderazgo que no han podido cerrar adecuadamente. El anterior presidente, Manuel Chaves, al inicio de sus primeros mandatos, vivió situaciones parecidas, más duras aún, pero el momento era otro, muy distinto. Es más que posible que con la voluntad de unos y otros, el Congreso de Almería hubiese fortalecido al PSOE después de haber conseguido mantenerse en el Gobierno de la Junta, pero hay quienes cuestionan el liderazgo de Griñán y, ante esas críticas, que algunas veces han sido soterradas, aunque en el cónclave salieron a la superficie, el secretario general de los socialistas andaluces optó por no integrar. La respuesta fue contundente: la Ejecutiva con una mayoría suficiente, pero cuestionada, y listas alternativas. A partir de ahora, la nueva dirección intentará arrinconar a todos los críticos, vencerlos en los congresos provinciales y entrar en provincias que no controlan, como Jaén. Un escenario para después de una batalla que anuncia más conflicto.

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