LAS incertidumbres creadas en la vida política nacional, y en el seno de su partido, por la incógnita que mantiene Rodríguez Zapatero acerca de su continuidad o no como candidato del PSOE a un tercer mandato han sido despejadas esta semana, al menos en lo que se refiere a la comunidad autónoma de Andalucía. El presidente de la Junta, José Antonio Griñán, se encargó el pasado martes de zanjar la cuestión: ni le preocupa ni le inquieta, vino a decir, lo que finalmente decida Zapatero. Su afirmación, más bien ratificación, de que las elecciones andaluzas se celebrarán, en todo caso, cuando corresponde estatutariamente, es decir, en torno a marzo de 2012, viene a significar que la cuestión ha dejado de constituir un problema político. No hacemos más que subrayar una constante de nuestra línea editorial si decimos que esta decisión es acertada. Corresponde fielmente a la voluntad del Estatuto y al espíritu de nuestro sistema de autogobierno pleno, al que optó el pueblo andaluz en 1980, la idea de que los procesos electorales en Andalucía deben ser autónomos y específicos, no supeditados a las vicisitudes de la política nacional ni a las conveniencias de coyuntura de los partidos en el poder. Ello permite el desarrollo de un debate estrictamente andaluz y circunscribe la campaña electoral al ámbito de las necesidades de Andalucía. Quizás pueda mermar la participación del electorado, como ha ocurrido en el pasado, pero este perjuicio es de menor relieve que el logro de unos comicios realmente autonómicos. Andalucía debe convocar sus elecciones en marzo de 2012. Si para entonces se convocan también las generales, no será por voluntad andaluza. Ya en clave puramente partidista, cabe señalar que estas declaraciones de Griñán apuntan también a un interés del PSOE andaluz por desmarcarse del Gobierno de la nación, en la conciencia de que el deterioro galopante de éste como consecuencia de la crisis podría arrastrar a la Junta en caso de coincidencia electoral. De hecho, es un objetivo que persiguen otros barones territoriales socialistas, francamente preocupados por su suerte en las urnas. La diferencia es que ellos no pueden elegir, mientras que Griñán sí está en condiciones de ejercer su autonomía sin más que atenerse a la ley. Es lo que ha hecho. Le conviene a él, como acabamos de destacar. También es lo que le conviene a Andalucía.

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