Embutidos, periodistas y jueces

La buena fama se labra en años y se pierde en horas. O en sentencias. Algunas puro chóped y que me perdone Campofrío

Estos días he estado mohína (ese sentimiento que te pone la cara verde) hasta que he llegado a la página 192 de los diarios de Chirbes. Andaba yo trasegando entre el sentimiento de pérdida del periodismo, que se nos desmorona, y la vergüenza ajena de sentencias como la de Juana Rivas y esa falta de fe en la Justicia que provoca. Al menos en una lega como yo que, desde el desconocimiento, sabe distinguir perfectamente entre lo legal y lo cruel. Y qué decir de este oficio que es, perdonen la inmodestia, algo que trasciende a los profesionales y que resulta un indicador de la salud democrática. Viendo esplendidos periodistas abocados a gestionar páginas webs o escribirles discursos a empresas/ partidos -único nicho de mercado a decir de las ofertas- se me rompe el corazón, no por nostalgia sino por auténtico pánico. Terror que crece cuando asuntos como esa astracanada del juez Piñar (una notoriedad nada edificante, por cierto) merecen información contextualizada y no hija de las tripas y las indignaciones. Si ganan los likes, gana lo inmediato y perdemos todos. No hay que leer a Umberto Eco o Colombine, analista y periodista respectivamente y gigantes ambos, para tenerlo claro. Nunca hemos necesitado tanto, para una sociedad tan compleja y fragmentada, unas leyes que nos traten como seres humanos en posiciones y condiciones frágiles y unos medios que cuenten más allá de los 240 caracteres. Eso, en el mejor de los casos. Las empresas no viven del aire, es lógico que abran sus espacios al pago de instituciones y corporaciones, aunque se agradecería que nos advirtieran de la condición de patrocinados de esos contenidos. Hubo un tiempo en que los periodistas no podían hacer publicidad e informar, pero también era el tiempo en que comprábamos los periódicos, claro.

Pero está Chirbes. Está en esos diarios que escribió para cuando no estuviera, con la honestidad de quien ya no va a dar explicaciones. Y esa página 192, bloqueado el escritor ante una novela que se le resiste, y una cita de Antonio Machado: "Entre hacer las cosas bien y hacer las cosas mal hay un honrado término medio, que es no hacerlas". Menos mal que no le hizo caso y que al cabo publicó su magnífica Mimoun. Una muy mala critica en el diario que entonces era la biblia de los lectores (o de muchos) provocó el efecto contrario: el personal se lanzó a leerla para enmendar lo que parecía un ajuste de cuentas inopinado. Pecados de soberbia. Qué tiempos raros éstos: la publicidad de unos famosos embutidos editorializa para subirnos la moral y los editoriales de los periódicos huelen a propaganda. La metáfora perfecta de cómo la buena reputación no se improvisa. La buena fama se labra en años y se pierde en horas. O en sentencias. Algunas puro chóped y que me perdone Campofrío. Precioso el anuncio de este año, gratis lo digo.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios