La tribuna

Eugenia Jiménez Gallego /

Emprendimiento vital

HOY en día estamos tan impregnados del vocabulario económico que la palabra emprender parece relacionarse sólo con la idea de crear una empresa. Sin embargo, su significado original es mucho más amplio: la capacidad emprendedora es la que permite "idear, planificar, desarrollar y evaluar un proyecto". No sólo empresarial, también un proyecto vital.

Y esto me parece importante porque en mis alumnos compruebo con frecuencia que muchos de los que arrastran más fracaso escolar y más problemas de convivencia son justamente los que carecen de una meta. Por eso desde el primer curso del instituto intento que conozcan las distintas profesiones y se identifiquen con alguna de ellos. Y me da igual que en primero quieran ser bomberos, en segundo actores y dos años después psicólogos. Sólo me preocupa que tengan un objetivo con el que ilusionarse.

Sin embargo, el problema no se agota con tener un proyecto vital, sino que es necesario sentirse capaz de desarrollarlo, y en los últimos años notaba en el alumnado una impotencia resignada que les arrastraba a la pasividad. "¿Vale la pena estudiar tanto si las notas de corte de acceso a muchos estudios están tan imposibles?", "¿de qué me vale reclamar ante un profesor, si él decide?", "¿para qué aprender una profesión si luego no hay trabajo?", "¿para qué protestar por la nueva ley de educación, si luego "los de arriba" harán lo que quieran, como siempre?". Probablemente esta sensación de indefensión la estén incorporando del mundo adulto, porque los mayores también adoptamos cada vez más ese discurso.

En psicología está demostrado que una percepción continuada de falta de control sobre nuestras circunstancias produce en los humanos apatía y depresión. O, como reacción, podemos centrarnos en el ocio o los mundos virtuales para olvidarnos de esa indefensión que nos deshumaniza. Ninguna de estas opciones es buena para nosotros. Por eso tendríamos que fijarnos en que hay otras señales, que no todo lleva a la desesperanza, sobre todo en los últimos tiempos.

El Atlético de Madrid, un equipo de fútbol modesto, se ha llevado de calle la liga más millonaria del mundo y ha estado a punto de ganar la Champions a base de trabajo en equipo y confianza en si mismo. Ahorradores anónimos están consiguiendo llevar a los tribunales a los intocables banqueros que los timaron con las preferentes. Han conseguido representación en el Parlamento Europeo nuevos partidos formados por ciudadanos que no son profesionales de la política y que han hecho campaña con unos presupuestos ridículos pero con un proyecto alternativo. Es decir, que colectivos aparentemente más débiles consiguen sus objetivos mediante la reflexión y la acción coordinada y una mayor confianza en sus propias capacidades.

Se me ocurre que para revertir esta actitud pasiva de nuestros menores tendremos que empezar cambiando el discurso los mayores, la visión de nuestros propios problemas, organizándonos para afrontarlos. Pero también podemos escuchar esas quejas diarias de nuestros niños no para juzgar y darles nuestras soluciones - que es lo que se nos viene a la boca-, sino para animarles a analizar la situación, a encontrar sus estrategias y a llevarlas a cabo, a evaluar aciertos y errores y aprender de ellos. Cualquier reivindicación es una oportunidad para ello: no tenemos parque en la barriada, mis profesores ponen varios exámenes en un mismo día, queremos salir más tiempo los fines de semana, hay unos niños que nos molestan en las redes sociales…

Desde la escuela podemos trabajar aún más sistemáticamente por el emprendimiento. Hay centros que organizan "cooperativas" de chavales con las que ellos desarrollan sus aptitudes para crear una empresa. Y otros que aplican el Aprendizaje Basado en Proyectos, que difunden webs como http://proyectosparaaprender.wikispaces.com. Esta metodología consiste, por ejemplo, en aprender sobre las enfermedades infecciosas investigando cómo prevenir el contagio de la gripe A en su colegio; aprender a redactar mejor realizando un libro colectivo o aprender sobre electricidad diseñando un móvil accionado por un circuito.

Los adultos debemos hacer lo posible para que nuestros jóvenes desarrollen su capacidad emprendedora en su sentido más amplio y más hermoso. Porque una actitud apática y dependiente no les permitirá progresar en un mundo laboral competitivo, sí. Pero también porque nosotros construimos una democracia para que ellos pudieran ser ciudadanos activos y no siervos indefensos. Y porque sin iniciativa y confianza en si mismos estarán inermes ante tantas dificultades que les planteará la vida.

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