La lluvia en Sevilla

La excusa perfecta

Ojo avizor cada vez que los gestores de lo público soliciten el comodín de la pandemia

Permítanme que comparta con ustedes esta fábula doméstica: en cierta ocasión, un buen amigo me confesó que, siendo muy niño, entró en el cuarto de su anciano tío -quería mostrarle su flamante disfraz de Cabo Rusty- y lo halló muerto sobre la cama. Durante la cena, aquel mocoso ataviado a lo Rin Tin Tin no contó a sus padres que, en la habitación contigua al comedor, el tito yacía cadáver. Ni durante la cena ni nunca jamás. Fue la madre quien, a la mañana siguiente, sobrecogió la casa con un grito y la noticia. "¿Y por qué no se lo dijiste a tu familia?", le pregunté, atónita. "Porque, en mi inocencia, pensé que me iban a echar la culpa de que el tito se hubiera muerto. Cada vez que en casa no salía algo bien decían 'uy, esto ha sido cosa del chiquillo…".

Los niños han sido siempre una excusa impecable. Si la reunión es aburrida, con decir que el chico tiene que irse a la cama es suficiente, o si algo sale mal, se le echan las culpas a la canija, y listo. Esto -que, seguro, ha dado para más de una sesión de psicoterapia-, visto desde su lado más amable, deviene en pura supervivencia parental. De un año a esta parte, hay un factor exculpatorio que ha superado con creces al de los niños. Me refiero a la pandemia. Sin ánimo de caer en planteamientos conspiranoicos, sostengo que la crisis del coronavirus puede ser ideal para justificar hechos consumados. Ante esta estrategia hay que estar muy atentos. Pase que, en el ámbito personal, el Covid sirva para excusar nuestra ausencia en reuniones de las que de otro modo no nos libraríamos. El cierre perimetral, la reducción de las personas de un grupo et al son cosas duras, pero estoy segura de que a más de uno lo ha liberado de compromisos fastidiosos. Pero donde hay que procurar que el Covid no se convierta en la excusa perfecta es en la gestión de la ciudad. Les recomiendo la siguiente ejercicio crítico: cada vez que escuche a un responsable público comenzar una frase por "Este año, debido a la pandemia, no…", pregúntese si lo que viene a continuación es realmente consecuencia directa del Covid. Es por ello por lo que, allá por noviembre, el Colectivo de Trabajadores de la Cultura en Bibliotecas se esmeró en insistir que la falta de programación de actividades en bibliotecas venía de antes de la pandemia. En este sentido, coincido con la portavoz municipal de Podemos y Adelante, Susana Serrano, cuando señala que la ampliación del espacio público destinado a veladores, necesaria por supuesto en estos momentos para los bares, no puede ser sine die, sino mientras dure la situación generada por la pandemia. Que después vienen las quejas vecinales por los ruidos en las terrazas y la asfixia de las plazas y las aceras. Insisto: recomiendo dulcemente el ojo avizor cada vez que cualquier gestor de lo público solicite el comodín de la pandemia.

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