como en botica

josé / rodríguez De La Borbolla

España, a tercios y otras cosas

PARECE ser que la irrupción y las previsiones de crecimiento de Podemos han puesto a cavilar a muchos, han generado una panoplia de fáciles explicaciones y diagnósticos y han desatado un vendaval de descalificaciones apriorísticas. Desde considerarlos como meros aglutinantes momentáneos del malestar general, hasta descalificarlos como jóvenes bolcheviques enmascarados, encubridores de designios totalitarios, y no merecedores siquiera de análisis y estudio, ha habido de todo. No creo que sea tan simple el fenómeno.

Para empezar, la situación socioeconómica de España es grave. Hace unos años, algunos nos asustábamos del modelo de "sociedad de los tres tercios" que se estaba implantando en EEUU. Hoy, ya tenemos ese modelo en España: un tercio superior, de gente rica, empresarios de determinados sectores, altos funcionarios y profesionales de éxito, a los que no les afecta la crisis; un tercio medio, de gente más o menos instalada económicamente, pero que empieza a verse afectada colateralmente -unos, con hijos en paro, otros, con hijos y sobrinos trabajando- con poco sueldo y situaciones inestables- en Londres, Melbourne, Tánger, Ucrania, Qatar, Shanghái, Rotterdam o por aquí alrededor- y con miedo en el cuerpo; y un tercio bajo, ya prácticamente en las puertas de la exclusión social y con la desesperanza metida en los adentros.

Para continuar, la corrupción, que parece generalizada, y el descrédito de la política; la reiteración y la liviandad de los discursos y los mensajes políticos; la carencia de proyectos sólidos para España; la persistencia de la simplista dicotomía izquierda-derecha; el permanente recurso a las macrocifras, unido a la desatención a los microproblemas; la incapacidad de los dirigentes para generar confianza en una ciudadanía desorientada… No son problemas menores ni instantáneos. Y todos han sido integrados por Podemos en su "discurso". Por eso, merecen atención, aunque, como en mi caso, no sean considerados como una solución.

Los dirigentes de Podemos no son unos niñatos ni unos indocumentados. Son doctores y docentes, hablan idiomas, han viajado por Europa y América, han estudiado y se les nota que se han aplicado en el estudio. Están en la franja de entre 30 y 50 años, han tenido espacio, relaciones personales y dedicaciones para madurar y parece que han aprovechado el tiempo. Han estudiado y se han puesto a actuar. Gente de la "Palabra" y de la "Acción".

Sus ideas, su discurso y la metodología comunicativa y política para configurar un movimiento, primero, y lo que sea, después, están muy calibradas, por la teoría (Gramsci, Laclau y otros) y por el análisis de prácticas exitosas. Han sabido trasladarlas a nuestra realidad, y buscan la hegemonía social y política. Frente a ellos -estudio y método-, sólo hay repentización y lugares comunes. Y, más grave aún, se produce el debate en el lenguaje que ellos han creado. Error mortal, en estos tiempos.

Todos fuimos culpables, tituló Juan Simeón Vidarte un libro en el que repasaba, a toro pasado, los errores de los republicanos españoles, incluidos los socialistas. "Todos somos corresponsables de la corrupción", ha dicho esta semana Zepeda, último premio Planeta. No basta con eso. Hay que buscar soluciones, en serio, para el pueblo, si se quiere dar respuesta a esta gente preparada, y viva, y rápida.

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