el prisma

Javier Gómez / Jgomez@grupojoly.com

España la zombi

LA imagen, en el mundo de los negocios, no es sólo importante. A menudo es lo más importante. Y si cuesta mucho esfuerzo, tiempo y dinero construirla, se puede destruir en dos telediarios. Qué digo en dos, en uno. La marca España es el mejor ejemplo. Podemos considerarla oficialmente apestada. Me lo contaba, humillado, un amigo empresario al que una firma francesa no le envía sus productos si no paga por adelantado. "Ven que soy español y casi tengo que suplicarles para que me vendan", dice. Sea justo o no, nadie quiere estar junto a un enfermo contagioso, que se le acerque uno de esos zombis de The Walking Dead. Y siempre ha sido parte de las campañas de liderazgo de los matones meterse con los débiles, los discapacitados, los gordos, los pobres, los feos, los piojosos. Así lo entendió Romney, como antes Sarkozy con Hollande, cuando nos introdujo con calzador en su debate con Obama: "España gasta el 42% de su economía en el Gobierno. Nosotros (EEUU) estamos gastando ahora el 42%. Yo no quiero seguir el camino de España". Lástima que Obama, tan espeso que perdió el debate, no llevara hechos los deberes. ¿No quiere usted seguir el camino de Alemania, señor Romney? ¿Ni el de Noruega, Suecia, Holanda o Dinamarca, los mejores países del mundo para vivir, según la ONU? En realidad, según Eurostat, en 2011 España fue incluso más gastosa de lo que dijo el millonario republicano: llegó al 43,6%. Aunque esa cifra fue dos puntos inferior a la alemana y seis menos que la media de la UE. Y desde luego mucho más austera que la danesa (57,9%), francesa (55,9%) o finlandesa (54%). Todos países derrochadores que deben de ser un infierno para vivir según la filosofía de Romney, que evitó meterse con ellos para no parecer un palurdo, un redneck. Pero la política hace mucho que se apropió de la máxima periodística de que no dejes que la realidad te estropee un buen titular. Y meterse con España vende aunque se haga con argumentos falsos. El Gobierno ha intentado sacar nuestra imagen de la miseria paseando al Rey Juan Carlos por la redacción de The New York Times -querida Old Gray Lady, apuesto a que hay muchas más personas buscando comida en los contenedores de basura en Estados Unidos- y a Rajoy por The Wall Street Journal, tras fumarse un puro junto al Radio City Music Hall. Vistos los zurriagazos recibidos a posteriori, no parece que la misión de relaciones públicas tuviera éxito. Quizás la visita idónea hubiera sido a Madison Avenue, a buscar a un Don Draper que saque la palabra España del lugar en el que se encuentra ahora en el imaginario colectivo mundial y que nos haga otra vez atractivos y seductores. Un publicista que venda, a lo carrusel Kodak, lo que somos: un país en dificultades pero solidario, que aguanta de pie y en la tormenta un sistema público sanitario, educativo y social que sigue siendo mejor que la mayoría. Un país con empresas líderes y muchos campeones más allá del deporte. Y sí, pobre, desgraciado, en políticos.

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