Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Falta liderazgo y sociedad civil

EN esta campaña tan sucia, Rajoy ha dicho solemnemente que estamos ante el peor presidente del Gobierno de la democracia. Es posible que don Mariano tenga razón, pero se le olvida lo peor: que estamos también ante el peor jefe de la oposición de la democracia. Ahí está el detalle, que este país está falto de liderazgo por donde quiera que se le mire. Por eso, además de sucia, esta campaña electoral ha sido tan necia. No se ha discutido sobre la ampliación a nuevos países miembros, ni de una política migratoria común, ni del nuevo orden financiero internacional, ni del futuro de nuestra agricultura, ni de una política de seguridad que no sea sólo antiterrorista, ni de las antiguas ambiciones de Maastricht de una política exterior y una defensa colectivas, ni de una nueva agenda que sustituya a la de Lisboa y garantice el estado del bienestar europeo.

Esto del liderazgo es algo inmaterial, difícil de definir. Un líder da confianza y seguridad, estimula la autoestima de los ciudadanos, lanza desafíos a la sociedad, resuelve las tensiones que se originan... No vale cualquiera. Ahí tienen al Barcelona antes y después de la llegada de Guardiola. Eso es un líder. Leo que Lopera está triste, roto de dolor. El hombre no entenderá cómo, con el interés que él ha puesto, las cosas no han funcionado más que un año de los 17 que lleva como dueño de la mayoría de las acciones. Al barco del Betis le falta patrón y el liderazgo no se compra con dinero. Es otra cosa: orden, estabilidad, equipo.

Los liderazgos no son tan importantes cuando hay una potente sociedad civil. Que no es el caso de Andalucía. Hace una semana lo ponía de manifiesto Felipe Benjumea, presidente de Abengoa y primer empresario de la región, en un acto del centenario de la Asociación de la Prensa de Sevilla. Éstas son algunas de sus ideas: el ensimismamiento y la complacencia son actitudes que conducen a la decadencia. El riesgo es necesario para el éxito. Tenemos generaciones de jóvenes bien formados, capaces de competir en el mundo; pero en la sociedad civil andaluza priman otras cosas. Tenemos que convertir el mundo en nuestra casa, como lo fue en los siglos XVI y el XVII, y convertir nuestras tradiciones en algo que nos arraiga, pero sin que entretenga permanentemente y nos bloquee.

En fin, una sociedad moderna tiene que vivir de su esfuerzo y su capacidad de riesgo, de productos originales que se vendan en los mercados mundiales. Y dado que los dos grandes partidos nos han demostrado en esta campaña que están a lo suyo, es la propia sociedad la que debe generar el espíritu de una nueva economía, que nos haga más fuertes y más desarrollados en el futuro. Ese espíritu es también inmaterial. Es como aquel anuncio de un desodorante: no se notará si usted lo usa, pero sí se notará si no lo usa. Ahora, se nos nota.

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