El balcón

Ignacio / Martínez

Feliz año griego

EL pasado fue un año de miedo en Europa. Miedo a perder el puesto de trabajo; miedo a Rusia, que se merendó Crimea sin que la UE pudiera toserle; miedo a los populismos, que por norte, sur, este y oeste consiguieron colocar a un centenar de diputados entre los 752 del Parlamento Europeo. Y 2015 no empieza con mejores presagios. Este será, de inicio, un año griego.

El 25 de enero hay elecciones en Grecia y en las cancillerías hay miedo al contagio. Si se instala en Atenas un Gobierno de Syriza que ponga fin a los recortes en el Estado de bienestar, partidos antiausteridad como Podemos en España o Die Linke en Alemania conseguirían un respaldo indirecto.

Hay un profundo resentimiento contra la marea austericida que ha inundado las políticas europeas en el último lustro. Y mucha gente dispuesta a castigar a los gobernantes que pretendan más ajustes de cinturón. Los griegos van a las urnas con quinta vez en cuatro años, con una deuda acumulada de 319.000 millones euros, el 177% de su PIB. El país está viviendo una pesadilla: su producto bruto ha perdido en los últimos cinco años un 26,5%, mientras los cinco anteriores a la crisis creció un 21,5%.

Un descenso a los infiernos que se ha merendado ya al Pasok: el partido socialista que ganaba elecciones por mayoría absoluta puede conseguir dentro de tres semanas un 3% o 4% de los votos. Una marginalidad impensable en los dulces días del bipartidismo con Nueva Democracia, la derecha con la que antes se peleaba todos los días y a la que ahora hace de escolta en el gobierno presidido por Samaras.

En época del sucumbido bipartidismo ninguno de los dos creó una seria agencia estadística nacional, ni un catastro, ni un riguroso sistema fiscal, ni un eficiente servicio de aduanas. Ninguno acabó con la cultura de clientelismo y favores que corrompió su sistema político, ni con su laberíntica burocracia. En Bruselas se repite mucho la idea de que la Grecia anterior a la crisis era una especie de Estado fallido mantenido artificialmente por la euforia del euro.

Y ahora la alternativa es Syriza, que diez años después de su aparición en escena dista mucho de ser el grupo radical de 2004. George Stathakis, su posible ministro de Finanzas, está de turné por las capitales europeas. Explica que no piensan abandonar el euro y volver al dracma, pero necesitan recortar el peso de los intereses y la amortización de la deuda, que supone el 5% de su PIB frente el 2% de media en la UE.

Algún paralelismo encontrarán con España. ¿O no? Y en todo caso, feliz año a todos.

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