la tribuna económica

Joaquín Aurioles

Finanzas familiares

20 de septiembre 2012 - 01:00

Afinales de 2011 el consenso entre los analistas era de crecimiento negativo de 3 décimas para el conjunto de la economía española durante este año y que habría que esperar a 2013 para percibir los primeros síntomas de recuperación, confiando en que pudiera cerrarse con un crecimiento cercano al 1%. Las cosas han salido bastante peor de lo esperado y ahora se considera que el crecimiento negativo de 1,5% estimado por el Gobierno para este año es también optimista, así como la previsión de caída de 0,5 % para el que viene.

La verdad es que ni ahora ni hace un año existían indicios para intuir un cambio de rumbo, tan sólo un horizonte visiblemente cargado de nubarrones que invitaba a una valoración optimista del futuro en el sentido de confiar en un periodo de calma posterior a la inevitable descarga. Ahora sabemos que estamos en medio de una profunda depresión económica de duración incierta, pero que inevitablemente ocupará el conjunto de 2013 y que afectará especialmente a las familias. Según el INE, la renta disponible de los hogares se redujo 1,3% en tasa interanual durante el primer trimestre de este año, mientras que el consumo creció 2,1%, lo que significa que, dadas las dificultades de acceso al crédito, las familias se han visto obligadas a echar mano de sus ahorros para financiarlo. La consecuencia es que el ahorro de los hogares se redujo un 3,3% con respecto al mismo periodo de 2011, dando lugar a que por primera vez desde 2000, cuando el INE comienza a publicar el dato, la tasa de ahorro de los hogares presente un valor negativo que asciende a -0,6. A raíz de todo ello, cabe esperar que los tímidos indicios de recuperación del consumo desaparezcan de manera inmediata. Si las familias tienen que elegir entre frenar el consumo y utilizar rentas pasadas o futuras, es decir recurrir al ahorro o a pedir préstamos, para mantenerlo, es probable que elijan lo primero, sobre todo porque el desempleo sigue aumentando, las rentas salariales y de la propiedad reduciéndose, así como el patrimonio neto de los hogares, mientras que la incertidumbre sobre el futuro inmediato sigue sin despejarse.

Por otro lado, a las dificultades para acceder a préstamos personales hay que añadir el aumento de los intereses que cobran por sus préstamos personales y a las empresas, salvo en aquellos relacionados con la compra de vivienda, a pesar de que el Euríbor y el interbancario no ha dejado de descender desde que comenzó el año.

El cuadro de expectativas adversas para las familias se cierra con el anunció de dureza para unos presupuestos que tendrán que esforzarse en corregir la más que probable desviación sobre el objetivo de déficit previsto para este año, además de satisfacer las condiciones de rescate que impongan desde Europa. Hay que esperar nuevos aumentos de impuestos y del precio de los suministros básicos a los hogares (electricidad, gas, gasolinas, etc.), además de recortes en las transferencias a los hogares, lo que permite augurar un ejercicio especialmente complejo para el equilibrio de las finanzas familiares y consecuencias adversas sobre las decisiones de consumo y la recuperación.

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