Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Fracaso

La miseria y la marginación en los barrios más pobres de España nos devuelve una imagen de la Sevilla más real

Sevilla consolida su pobreza. El titular, cuatro palabras, abría la sección de información local de este periódico del pasado martes. Encabezaba los datos del Instituto Nacional de Estadísticas sobre los niveles de renta y los indicadores de bienestar que año tras años, inexorablemente, nos coloca a la cabeza del triste ranking de ser la ciudad con los barrios más pobres de España. Ninguna novedad, pero cada vez que llegan hasta nuestras páginas, una sensación de fracaso colectivo se adueña de nosotros. De fracaso y hasta cierto punto de vergüenza. Porque las cifras que colocan a Los Pajaritos y el Polígono Sur como las zonas con mayores niveles de marginación y que sitúan en Sevilla seis de las quince barriadas más pobres de todo el país nos hablan del fracaso de las estrategias sociales que han intentado poner en marcha las diferentes administraciones, con más propaganda que efectividad a juzgar por los resultados, de la escasa efectividad de la creación de comisionados o instituciones similares o incluso de acciones tan sonadas como la visita del rey Felipe a las Tres Mil hace ahora dos años.

Lo grave es que se podrían coger las estadísticas de hace cinco o diez años y nada, o muy poco, cambiaría. La marginación en Sevilla es una realidad enquistada desde hace décadas. Hace más de sesenta años que un gobernador civil, Hermenegildo Altozano, paseó a Franco por el inframundo del Vacie y logró que el dictador se estremeciera de la miseria que podía albergar aquella España que empezaba a mirar hacia un incipiente desarrollo. El Vacie sigue hoy en el mismo sitio a pesar de las veces que se ha anunciado su erradicación y de los millones que, seguro, se le han echado encima.

Esta realidad, que permanece inamovible año tras año, la queremos ocultar bajo otra Sevilla en la que se nos llena la boca con hoteles de cinco estrellas y cifras de turistas, con el desarrollo del parque tecnológico de Cartuja o los proyectos de inversión que se dibujan en el horizonte, con la ampliación del Metro o la imposible conclusión de la SE-40... Pero una vez cada año conviene que nos paremos a preguntarnos qué es lo que ha hecho Sevilla mal para que las estadísticas de la pobreza y la marginalidad nos den un baño de realismo atroz. Y en esas respuestas encontraremos algunas de las claves de por qué no somos capaces de convertirnos en la ciudad que deje atrás sus frenos y se proyecte al futuro. La realidad, sobre todo una realidad tan compleja como la del combate contra la marginación y la pobreza, no se cambia en un día. Pero cuando se enquista, como lo ha hecho en Sevilla, se convierte en un espejo que nos devuelve nuestra imagen más real.

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