Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Fu Manchú

MACISTE contra los monstruos. Hércules contra Tarzán. Pablo Iglesias contra los tertulianos de TVE. El liderísimo de Podemos es Fu Manchú, un personaje de ficción, una silueta de tinta china de la Mavel, un ser de la mitología de la TDT que, en el papel de Pedrín, podría acompañarse del pequeño Nicolás frente a los secuaces del CNI, con la Pechotes, tentada por Mediaset, en el papel de Jessica Rabbit. Iglesias, rehaciendo su pasado para aclarar su futuro en cada frase, convierte en expectación mesiánica cualquiera de sus apariciones, aunque sea en el escondido Canal 24 Horas. Abusa de la parábola del camarero que no tiene clientes, un personaje a la altura de la niña de Rajoy y del hijo pródigo. No tenemos los datos de audiencia, pero seguro que, como mínimo, multiplicó por cinco la audiencia habitual del sustancioso repaso diario de Sergio Martín, aunque está lejos en mordiente e interés de los tiempos de Vicente Vallés. El conductor del nocturno y director del canal se batió como nunca con preguntas incisivas e insinuaciones ásperas, rostro rígido y un tuteo casi chulesco hacia el de Podemos que chirriaba por muy deschaquetado que sea el europarlamentario.

Pablo Iglesias, sin haber llegado todavía a ningún sitio en realidad, es la estrella de la política y de la televisión. El rival a batir. Tras los recientes bofetones de Ana Pastor sabe que tiene que ir aún más preparado a los platós y tener listas con cálculo sintáctico todas las disculpas y las huidas hacia adelante. El de Podemos, que lucía el viernes el lazo naranja contra los ceses en RTVE, atrae al público, a los simpatizantes y a los detractores, como Cristiano Ronaldo. Crea murmullo, responde con mordiscos y da la cara ante las repreguntas. Si con todos se actuara igual en todos los programas la política dejaría de ser esa profesión tan cómoda que se buscaron cientos de alcaldes, concejales engominados y tantos culiparlantes. Si Iglesias es capaz de aupar el Canal 24 Horas sus contrincantes tendrán que preguntarse, de una vez, qué están haciendo mal.

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