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Cambio de sentido

'Game over'

La propagación del pánico, el morbo y el disparate preocupa más que el coronavirus

Es solo un juego", me dijo. "Paso", respondí. Quería arrellanarme en su sofá, no posar mi atención en nada. "Pero si no es violento -prosiguió, ajeno a mi no-. Consiste en destruir a la humanidad. Con un virus. Súper relajao". Le informé de que su respuesta denotaba cierto grado de psicopatía. Conectó la pantalla, eligió las características del virus, al que puso mi nombre de pila. "Llamándose así va a ser gripe española", supuse. Me pidió que eligiera un país. Dije uno asiático. Apareció un mapamundi. "¿Te parece que en principio, para tangarnos, sólo se transmita en animales?", propuso. En un rato, Carmen se había extendido por Europa a pesar de que me habían cerrado los aeropuertos. Mi estrategia era ahora evolucionar para causar daños cerebrales, a ver si así noqueaba a los científicos que preparaban la vacuna. Conseguí acabar con la humanidad. Dos veces. Una buena tarde.

Desde el 22 de enero, Plague Inc. -que así se llama el videojuego- es el más descargado para iPhone en China. Me imagino a la gente confinada en casa echándose la partida. También lo es en Gran Bretaña y Estados Unidos. Los jugadores recrean la realidad hasta el punto de incluir la tardanza (o censura) del gobierno chino a la hora de informar. Los programadores han emitido un comunicado a raíz de las demandas de información de los usuarios sobre el coronavirus. Recuerdan que es un videojuego, no un modelo científico, y que son programadores, no la OMS.

Que el videojuego vírico se convierta en viral en este preciso instante, y que mucha gente pregunte a los programadores sobre el coronavirus, no deja en buen lugar a demasiados seres humanos. Sobre todo, da cuenta del potencial del virus para propagar la epidemia del morbo, el pánico, la ignorancia y el sálvese quien pueda. La esperanza está en manos de una minoría, pero la reacción de la mayoría puede ser más temible que el propio virus. En la farmacia, la manceba informa al cliente de que no quedan mascarillas. En la herboristería, una señora pregunta por desinfectante de manos. En la calle, se le guarda el aire a los chinos. Profilaxis sin causa, a las que negarse. En la tele, unos chinos atrancan la puerta de sus vecinos y cuelgan un cartel: "Aquí vive gente que viene de Wuhan". Google completa mi búsqueda de coronavirus con las palabras "felino", "en Sevilla" o "secretos". Por ahora, de lo único que nos hemos de preocupar es de no contagiarnos del disparate. Esta vez no es solo un juego. Y no paso.

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