La esquina

Con Griñán habrá cambios

MIENTRAS Zapatero y Chaves indagan con cierta furia quién les ha traicionado filtrando la crisis de Gobierno y estropeándole al primero su gran momento de gloria en la escena internacional, los dirigentes del PSOE andaluz vuelven a abrir sus teléfonos móviles y se adaptan a la nueva situación creada por la marcha del segundo.

En la complicada negociación Chaves-Zapatero, el presidente de la Junta ha logrado imponer que su sustituto sea José Antonio Griñán, el actual vicepresidente segundo. Lo será con todas las consecuencias. Es lo que ha exigido a cambio de abdicar de su inicial rechazo a hacerse cargo del Gobierno andaluz, que era frontal y sincero. La experiencia sugiere, además, que los sucesores, una vez asentados en sus nuevas responsabilidades, tienden a dejar su propia huella y a no seguir al pie de la letra el guión acaso dejado por el sucedido.

Lo primero que hay que destacar de Griñán es que no tiene ninguna vocación de interinidad. Viene para quedarse (con el permiso de los votantes andaluces, claro está). Quiere ello decir que estará de presidente de la Junta hasta 2012 en lugar de Chaves, una vez lo proponga el comité director del PSOE regional y se celebre el correspondiente pleno de investidura del Parlamento, pero que también será candidato a la reelección en ese año del bicentenario de La Pepa. No va a dejar paso a ningún tapado o tapada en estos tres años de legislatura que le quedan. Es lo que se ha pactado.

En segundo lugar, Griñán no considera que tenga que "heredar" el actual Gobierno andaluz tal como está. Por lo pronto, no cuenta con el vicepresidente primero, Gaspar Zarrías, con el que se ha creado un muro de distancia prácticamente infranqueable. Zarrías es consciente de esta circunstancia y lo más probable es que Chaves se lo lleve con él a la vicepresidencia tercera que le han correspondido en la crisis que le ha reventado a Zapatero. Aún no tiene pensados qué otros cambios de personas introducirá en su Gabinete, pero la obsesión de Griñán es modificar algunas de las políticas que se vienen haciendo y, sobre todo, reformar las actitudes y las estrategias asumidas por los socialistas después de casi treinta años de hegemonía en la comunidad autónoma andaluza. Eso llevará su tiempo, pero se hará sin duda. Algunos andan nerviosos, y realmente tienen motivos para andar así.

Por lo demás, la designación de José Antonio Griñán ha sido bien recibida por empresarios y sindicatos, alivia a una opinión pública que lo ve como un político sólido, experimentado y con principios, y permite intuir que la crisis económica será la prioridad de las prioridades de su mandato. Apunten esto: la suya no será una labor continuista. Por más íntimo amigo de Chaves que sea.

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