Hace días que apenas se menciona la pelea del PP de Madrid. Quizá porque la Navidad ha tocado con su espíritu de concordia a sus principales antagonistas, Pablo Casado e Isabel Ayuso, quizá porque la presidenta Ayuso se encuentra fuera para ver si consigue algo de tranquilidad, quizá porque Pablo Casado ha dedicado una pensada a la situación y ha comprendido, al fin, que lo conveniente es poner sosiego en una situación que se le estaba yendo de las manos. Ahora ha sido alcanzado por el Covid, aunque asintomático, y en la semana telemática que le espera, a lo mejor se plantea coger un teléfono y llamar a la madrileña. Porque es a él a quien le "tocaría" dar el paso; esta cosa va de superior a inferior, en política y en lo que no es política. A no ser que sea el inferior el que ha agraviado a su superior.

En el partido se notan las ganas de acabar con la confrontación. Que nunca es buena, menos todavía en tiempos electorales. La mejor entrada de año que podrían tener los dirigentes del PP es que se sienten las bases para concretar un calendario de congresos que pueda asumir todo el mundo sin que nadie se sienta agraviado ni cargado de razón.

Es difícil adivinar si efectivamente están en lo cierto los que aseguran que hay voluntad de arreglo. Visto desde fuera, da la impresión de que Ayuso es la más interesada en que así sea, aunque es posible que no sea exactamente así, sino que conoce mejor que Pablo Casado los resortes para transmitir lo que quiere transmitir, que en este caso es su deseo de serenar las cosas, mientras que Casado parece más empecinado en deshacerse de una dirigente que era amiga y ya no lo es -o no lo es tanto-, y a la que ve como adversaria. Bien porque ha llegado a sus propias conclusiones en ese sentido o porque el presidente del PP ha sido inducido para creer que la presidenta madrileña aspira a ocupar su sillón. Y por mucho que Ayuso asegure que no está en su ánimo ninguna operación de ese tipo, y que después de Madrid pretende dejar la política, no parece que el binomio Casado-Egea den mucha credibilidad a los anuncios de la inquilina de la Puerta del Sol.

En pocas semanas se celebran elecciones en Castilla y León, y Mañueco ha invitado a Isabel Ayuso a la campaña. Casado también participará, va de soi, es el presidente nacional. Tendrá papel principal en esa campaña en la que se juega tanto como Mañueco o incluso más.

Esas elecciones son un buen motivo para que Casado y Ayuso pongan paz en un partido hoy desgarrado, emocional y políticamente, por la confrontación entre dos de sus dirigentes más apreciados. Un partido que no puede permitirse el lujo de prolongar esta absurda pelea.

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