Visto y Oído

Antonio / Sempere

Iglesias

RESULTA que la pareja del hombre de moda (Pablo Iglesias, ¿quién si no?) es diputada de la Asamblea de Madrid. La primera en la frente. El 'anticasta', el 'antipartidos', comparte su vida con una diputada del parlamento autonómico. Acabáramos. El hecho de que ella no milite en el PP ni en el PSOE no me hace disimular el sonrojo. Es como si yo renegase de tener un televisor en casa pese a ejercer de crítico televisivo durante décadas. Más me valdría, por la cuenta que me trae, reconciliarme con el susodicho. Aumentar mi grado de tolerancia. Porque su afán de protagonismo rompe todos los pronósticos, y ya va quedando menos para verlo, además de en un escaño de la Carrera de San Jerónimo, hasta en la sopa.

Lo único cierto es que Pablo Iglesias es un icono televisivo, que como tal ocupa ahora el liderazgo del partido político revelación de la temporada. Tenga o no televisión en casa, él sabe muy bien cómo utilizarla. Desde su primera comparecencia en el prime time un 23 de abril (el día del décimoquinto aniversario del estreno de Gran Hermano en España, qué casualidad), supo planificar como nadie sus apariciones y el contenido de sus mensajes.

Desde entonces acá me pareció un ser muy crecidito (no soporto a quienes van de sobrados) poseedor de muy escaso sentido del humor, el primero de los valores que adornan a los comunicadores que me atrapan. Ver el icono de su efigie en las papeletas fue la gota que colmó el vaso. Me fío mucho de mi primera intuición, y cuando no me entra alguien bien a la primera, desconfío bastante de las segundas y las terceras. Pero habrá que ver cómo evoluciona el personaje. Oportunidades no van a faltar para comprobarlo.

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