POR fortuna casi nadie sabía nada de Jimmy Jump hasta que vimos en el telediario su irrupción en el festival de Eurovisión. Jimmy Jump, que se hace llamar el Saltador, es el típico pirado que quiere llamar la atención al precio que sea. El hombre se pone una barretina -ya que en realidad es catalán y se llama Jaume Marquet-, y salta a los estadios de fútbol y a cualquier lugar público donde encuentre una brecha en los controles de seguridad. Si le dejan, también salta al escenario del festival de Eurovisión, donde otro pobre pirado está haciendo el ridículo con la vana esperanza de alcanzar cinco minutos de fama. Su propósito no es otro que hacer el tonto delante de todo el mundo. Al final de sus saltos o irrupciones o como queramos llamarlas -que también podrían ser nuevas modalidades del arte contemporáneo, el jump art-, Jimmy Jump es detenido y multado. A él parece importarle poco, ya que su historial como saltador es extenso. Una vez le quiso endosar una barretina a Messi. Otra vez, en una final de Roland Garros, se la quiso colocar a Roger Federer. Y en otra ocasión, el tal Jimmy Jump cruzó la parrilla de salida poco antes del inicio de una carrera de Fórmula 1. Creo que eso fue en el circuito de Montmeló, pero a lo mejor fue en Kuala Lumpur.

El caso es que Jimmy Jump ha sabido ganarse la vida con sus tonterías. Tiene una buena página web en la que vende camisetas y en la que promociona sus "saltos". Y figura en la Wikipedia -pero, ojo, en la versión en inglés- con una entrada bastante más importante que la de cualquier ministro o político de la oposición en España. Aunque sea un iluso o un mentecato o un embaucador -y sospecho que Jimmy Jump es una mezcla de todas estas cosas-, este hombre ha entendido el espíritu de nuestro tiempo bastante mejor que muchos economistas y políticos, así que se ha puesto a hacer el tonto hasta conseguir hacerse famoso. La verdad es que no le ha costado demasiado esfuerzo. Es mucho más difícil trabajar ocho horas al día en un supermercado.

Lo bueno es que cada día parece haber más Jimmy Jumps por todas partes. ¿No ha sido Zapatero un Jimmy Jump que se lanzó a la política un poco a lo loco, a ver qué pasaba, quizá para llamar la atención y reírse con sus amigos, aunque luego haya acabado riéndose "de" sus amigos? Y Rajoy, ¿no es otro Jimmy Jump que se pasa la vida gruñendo aunque en realidad todo le importe un pimiento? ¿Y cuánta gente no está ocupando su cargo sólo por hacer lo mismo que Jimmy Jump, es decir, nada más que esperar el momento para colocarse la barretina -o lo que sea- y dar el salto? Piensen un momento y calculen cuántos Jimmy Jumps conocen ocupando cargos de gran responsabilidad. A ver cuenten, cuenten. ¿A que son muchos más de los que creían? ¡Viva Jimmy Jump!

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