Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Jueces y padres

SER juez debe de ser difícil, porque a veces uno se dice ante algunas decisiones judiciales: "Esto no hay quien lo entienda". Asignar (leves) multas y (pocos) años de cárcel a una banda mafiosa municipal, jurídica y empresarial (?) que, con elevados tintes de horterismo y para gran oprobio de los andaluces abusó de Marbella y alrededores como abusaban los lugareños de la ninfómana Volpina en Amarcord, o sea, sin coto y a demanda, no debe de ser fácil. Y no sólo en el plano técnico, sino también por el impacto social de sus decisiones. Cuando los ciudadanos a los que, por ejemplo, se los embarga con celeridad y crecientes costes por una multa o un IBI impagados, ven que trincar a lo grande, con sacos de dinero negro, relojes de kilo y medio (de peso), mirós sobre el retrete y todo ese glamú de boatiné costeado sale barato, pues la verdad, se empachequiza, y se desmoraliza: desconfía y siente náuseas que, lamentablemente, son ya familiares. Jueces y fiscales tienen un trabajo sobre el que todo el mundo tiene una opinión, de forma que Pacheco no hubiera tenido éxito si hubiera dicho "las renovables son un cachondeo" o "el Senado es un cachondeo", pero triunfó al crear aquel mítico aforismo ("La Justicia es un cachondeo") cuando las sentencias no satisficieron su intuición y su calibre justiciero.

Pero a veces, algunas veces, sentimos que la aplicación de las leyes y su producto, las sentencias, sí son justas en un sentido natural del término. Ayer supimos que un juez respaldó a un profesor que había requisado un móvil y mirado su contenido a un alumno de 12 años, advertido por una compañera del menor de que éste la acosaba y violentaba con vídeos pornográficos. El juez se basa en que el derecho a la intimidad -insistamos: un menor, en el cole, vídeos porno, acoso a otra menor- no puede prevalecer sobre la misión educativa. Hasta aquí, todo parece lógico. Espero que usted comparta la ponderación de los hechos. Pero resulta que no sólo el padre del niño denunció a tan responsable profesor por violación del derecho a la intimidad, privacidad y secreto de las comunicaciones, sino que un profesor de Derecho, de apellido Campoy, al ser consultado por el periodista que escribe la noticia dice: "Habría que haber consultado a los padres y a la Fiscalía antes de acceder al contenido del móvil". Y al oráculo de Delfos, o hacer un referéndum, cabe añadir. Entonces uno se queda catatónico y se dice que la Justicia será a veces un cachondeo, pero las personas de a pie sí que somos muchísimas veces un cachondeo. Y algunos profesores de universidad, es evidente, también. O uno está loco, que también puede ser.

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