Azul Klein

Charo Ramos

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Luz de diciembre

Santa Lucía, cuyo culto aquí mantiene una hermandad de gloria, se asocia en Suecia a la noche más oscura del año

Antes que Lagoh y Primark trastocaran los hábitos de los sevillanos y azuzaran el deseo de comprar hasta el paroxismo, antes también de que todo el mundo en las oficinas alardeara de tener cuenta en Amazon Prime, la ciudad sobre ruedas se las ingeniaba para ir a Ikea. La subida a Castilleja de la Cuesta equivalía a una promesa de satisfacción porque, ya se sabe, especialmente si se paga hipoteca o alquiler, la felicidad es una cuestión doméstica e inmobiliaria.

Pero ahora que el furor por las albóndigas de los menús de Ikea parece haber quedado atrás, con más incidencia en las cinturas que en los bolsillos cabría añadir, es tiempo de plantear si se ha aprendido algo de la excelente cultura sueca o nos hemos limitado a montar la estantería Billy, la cómoda Malm o el sofá Ektorp sin pensar en la deforestación que sufren los grandes bosques pues, como bien explica Greta Thunberg, también los suecos pierden sus centenarios abetos y sus setas silvestres.

Viene esto al caso porque esta semana tiene lugar una de las tradiciones suecas más hermosas: la celebración el 13 de diciembre de Santa Lucía. La italiana Lucía de Siracusa se asocia en los países del norte de Europa a la noche más oscura del año. Esto se debe a que en el antiguo calendario juliano la festividad de Lucía (lux en latín) coincidía con el solsticio de invierno pero al introducirse el calendario gregoriano en el siglo XVIII el inicio del invierno se pasó al 22 de diciembre, fecha que marca un punto de inflexión y a partir de la cual las horas de luz comienzan a crecer.

En la Suecia protestante, que no celebra los santos, Lucía evoca la mortecina luz de diciembre y el calendario de Adviento, por eso la tradición insta a practicar conjuros para que la luz recobre su fuerza y regrese pletórica. Incluso los Premios Nobel (entregados ayer) que decidan prolongar por unos días su estancia en Estocolmo asistirán este viernes al prodigio de una fiesta tan importante como la noche de San Juan, plena de luces, velas encendidas y del sabor de las galletas de jengibre, según explican Lars Gustafsson y Agneta Blomqvist en el espléndido libro Imágenes de Suecia editado por Nórdica.

En Sevilla, Santa Lucía nos remite a la iglesia gótico-mudéjar, desamortizada en el siglo XIX, donde tuvo su sede el estimulante programa Iniciarte y hoy abre sus puertas el Centro de Documentación de las Artes Escénicas. Una hermandad de gloria mantiene el culto de la santa siciliana, mártir pintada con tanta elegancia por Zurbarán con sus ojos sobre una bandeja. Patrona de los ciegos, como nos recuerda también el flamante azulejo de la iglesia de Santa Catalina, "por Santa Lucía mengua la noche y se alarga el día".

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