Cuchillo sin filo

francisco Correal

Martirio

EL alcalde de Ayamonte espera una llamada de Radio Nacional de España para hablar del dragado del río Guadiana. Lo sé de buena tinta porque escribo estas líneas gracias a la generosidad de Hugo, responsable del gabinete de prensa del Ayuntamiento ayamontino. Ésas mismas aguas del Guadiana que han inspirado estas líneas. No veía un partido de fútbol desde la final del 13 de julio de Maracaná, la final del Mundial entre Alemania y Argentina. En la trigésima edición de un trofeo local se enfrentaban el Ayamonte, con un Engonga en su defensa, frente al San Roque de Lepe. Duelo en los lugares colombinos. La taquilla del estadio Ciudad de Ayamonte da a las calles Nerva y Cádiz. Las ciudades entre las que transcurre la gira andaluza que Martirio inicia mañana.

En el descanso del partido me asomaba a las aguas del Guadiana, justo detrás del estadio Blas Infante donde juega el Canela, el otro equipo de la localidad. Río que une España y Portugal, que hermana Andalucía y La Mancha, las lagunas de Ruidera y esta desembocadura fronteriza, como si Sancho Panza firmara en Villarrubia de los Ojos, su Ínsula Barataria particular, el tratado de Tordesillas.

Ese río Guadiana, alegato contra políticos de campanario, es la mejor metáfora de Martirio. La calle Huelva es la más larga de Ayamonte. En ella hay una casa que está en venta con este cartel: Planta Baja, con salida a dos calles. Ésa es Martirio, una artista que mira el mundo a pie de obra, sin elitismos de papel cuché, y con salida a dos calles. Fue de Jarcha y es Aguaviva. Es Machado puro, alma de Antonio con gracia y pellizco de Manuel. Ahí me van a permitir una licencia biográfica. Quien suscribe compartió un cartel con Martirio. No formaba parte de ningún festival o de su cuadro artístico. Éramos dos de los nombres que aparecíamos en la lista de encargos del taller de diseño y costura del Colectivo Fridor, que Carmen de Giles instaló en la casa de la calle San Pedro Mártir donde nació Manuel Machado. Mi traje de novio sí estuvo en el elenco de Martirio.

Esta mujer eligió un heterónimo, como Pessoa, Martirio que es Maribel Quiñones, apellido que en Cádiz suena a Carnavales y a canción del pirata de un novelista chiclanero, veneciano consorte. Tiene estética de Orduña y de Fassbinder, de Frida y de Freddy, libélula choquera entre Ramones, greguerías de Gómez de la Serna, esperpento de Valle-Inclán, cuyo Max Estrella se inspiró en Alejandro Sawa, nacido en la misma calle donde compartimos el tiempo entre costuras.

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