PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Mileuristas junto a Bono

UNA noche es una noche. A saber cuándo van a sentirse de nuevo partícipes de una cita tan potente. La banda U2 puso la Cartuja de bote en bote, y, de todos los asistentes que nos dimos cita en el estadio, me alegro especialmente de que se lo pasaran bien muchísimos mileuristas sevillanos, que hicieron una excepción en sus ajustados hábitos de gasto para pagar entre 60 a 90 euros por una entrada. Saben que por ahorrárselos no iban a remediar la incertidumbre que les embarga sobre su futuro laboral. Han disfrutado con la banda de Sir Paul David Hewson, alias Bono. Eso que se llevan al disco duro de las emociones y los recuerdos. Tampoco Bono, con su carisma dentro y fuera del escenario, ha logrado cambiar el curso de la historia en África, donde se sigue gastando más en armas que en medicinas. Pero su fortuna personal es de cientos de millones de euros.

La promotora del concierto, Doctor Music, ha jugado durante un año con habilidad a las medias verdades sobre la venta de entradas. Hace doce meses se pusieron a la venta, generando la expectativa de que era obligado darse muchísima prisa en comprarlas, y se anunció que se agotaron en un visto y no visto... pero no decían que no era el total del aforo. En las vísperas, incluso ayer, miles de personas han podido adquirir con menos dificultad las nuevas remesas que, de modo dosificado, se han ido ofreciendo por reajustes de producción. Ciertamente, estos macroconciertos son una máquina de producir dinero en 360 grados.

Tanto a los mileuristas como a los muchoeuristas, que hoy sentirán un bajón tras la euforia concelebrada anoche, les animo a descubrir que en la vida cultural sevillana, incluida la musical, por poco llamativa que les parezca a priori, hay pequeños y grandes placeres a su alcance. Y a un coste exiguo. O incluso gratis.

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