Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
EN los años previos al estallido de la Gran Recesión -este término, o uno equivalente, se consolidará en los futuros libros de Historia-, nos lamentábamos de la emergencia y generalización de una casta económica inferior, llamada mileurista, es decir, alguien que ganaba con su trabajo menos de mil euros al mes. Teniendo en cuenta que con esos niveles de renta se paga poco o nada de IRPF, tal sueldo entonces preocupante por precario sería hoy una bendición para ex comerciales que rodaban en Volvos 4x4 por las carreteras para conseguir variables de sesenta mil al año, o para ex directores financieros a los que se les agota la prestación por desempleo, para arquitectos, ahora tan quietos, en un país que pasó de enladrillar todo suelo a no saber cómo comerse los ladrillos. Dame mileurismo, por favor. Hace dos semanas, mi compañero de tándem en este Persicopio, León Lasa, escribía sobre ese asunto, con el cinéfilo título de El increíble salario menguante. El sino de los tiempos: esta semana, Bankia ha reducido el salario un 40% a sus empleados. Quien más y quien menos ha visto su poder adquisitivo encogerse en términos reales ese mismo 40%; mírense, memoricen, hagan cuentas. Los precios de los bienes imprescindibles no han bajado, sino al contrario. Ergo caída de la renta real y de la demanda, correlativa contracción de la producción, mayor desempleo. Y menores cotizaciones... y mayor carga para las arcas de todos por las legiones de nuevos parados. Siendo éste un esquemita básico del horror en curso español, contiene algunos rasgos que también adornan a la Roma europea del XXI, o sea, Alemania.
El Instituto de Investigaciones sobre el Mercado Laboral del país germánico ha advertido esta semana que uno de los jabones más eficaces de la tasa de paro alemana (5,4% de la población activa, unas cinco veces menos que la nuestra), los llamados minijobs (miniempleos) suponen una amenaza larvada y demorada para la viabilidad del sector público. "Los minijobs destruyen el empleo regular en Alemania", dice el estudio. Como los cangrejos invasores en el delta del Ebro. El observatorio oficial del mercado de trabajo alemán no se corta: "Este tipo de contrato [que ostentan 7,4 millones de alemanes, sin cotizaciones ni impuestos, un máximo de 450 euros al mes, y pocas horas de trabajo] condena a la pobreza". Es precisamente la generalización de estos infracontratos que maquillan el desempleo lo que pone en una encrucijada estratégica al erario alemán: los miniempleos debilitan la seguridad social por la falta de pago de cotizaciones. Apuesten doble contra sencillo por la importación aquí de esta degradada forma de vivir.
También te puede interesar
Lo último