La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Miren las otras ferias

Mire qué poco duró el esplendor del clavel que compró a aquella vendedora tan cansina

Miren hoy la cara de los camareros, cuerpos reventados y rostros ojerosos. Miren el lunes el nervio de las trabajadoras de las tintorerías, el día con mayor demanda del año. Miren las bestias cansadas, los bajos de los pantalones con lágrimas del albero, la pila de camisas sucias, el excedente de fotos fatuas en el teléfono móvil, las carteras que tiemblan con sólo recordar para qué puñetas te lanzaste al ruedo en solitario para pagar aquella convidá que terminó con aspavientos, el habla balbuceante y los improperios contra el Gobierno. Miren mañana el campo de batalla que parecerá el real, Itálica de las fiestas mayores, ruinas efímeras que se habrán de llevar los escobones. Miren bien los bolsillos de la chaqueta antes del lavado, no se vayan a dejar restos del pin de la portada, el cartón de la invitación a la caseta a la que nunca acudió, o los billetes del servicio especial de Tussam de aquella noche en la que la espera de la cola del taxi era de dos horas, o eso decían los expertos, que Sevilla está llena de expertos en todo. Miren que todo pasa, nada permanece en la ciudad que es una continua reproducción de Las Postrimerías. Miren la plaza enmudecida, como lo están los antiguos circos romanos. Se acabó el espectáculo de sangre, valor y vanidades. La fiera ya no rugirá en el tendido, que es donde siempre ruge la verdadera fiera. Qué efímera es la gloria en la ciudad que vive de hacer permanente lo efímero. Mírense a sí mismos en esta última jornada oficial de fiesta para hacer su propio balance, que el día de hoy es como el particular fin de año de la ciudad que tiene en el costumbrismo su particular vía de escape. Miren cómo la Feria caerá en muy pocos días, pero la portada permanecerá en pie algunos meses más, orgullosa, resistente, como el último soldado que se mantiene erguido. Miren como casi nada de lo que ha ocurrido tendrá un anclaje de la memoria, porque la velocidad a la que se vive la Feria funde el recuerdo de una con otra, y porque las vivencias de Feria son de corta caducidad. Mire qué poco duró el esplendor del clavel comprado a la vendedora de piel morena, cansina en sus requerimientos y que logró llamar su atención, a la que atendió con generosidad para que no interrumpiera más su tertulia. Las fiestas mayores, en el fondo, son un clavel a los pies de un Cristo o en los brazos de una gitana que siempre se mustia muy pronto. Mire los vídeos de ese baile, los autorretratos de sonrisa de hiena y los zapatos donde el albero permanece incrustado en los huecos más difíciles de limpiar. Al final, los zapatos siempre hablan de nosotros. Cera o albero. O quizás están limpios de no usarlos. Mírenlos. Hoy ellos hablarán de usted.

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