Rogelio / Velasco

Multinacionales y evasión fiscal

Las empresas que operan en varios países explotan al máximo las lagunas legales para pagar el mínimo de impuestos Países como Irlanda favorecen estas prácticas

LA globalización ha provocado una mayor integración de las economías. Esa integración también se ha intensificado entre las grandes multinacionales. En particular, están creciendo a un ritmo elevado las relaciones comerciales y financieras, entre las distintas sucursales que las grandes empresas tienen en los diferentes países en donde tienen actividades. El modelo con el que operan ha pasado de ser local para cada país, a otro global en donde todas las operaciones están integradas. Adicionalmente, la creciente importancia de los servicios y de los contenidos digitales ha facilitado la localización de esas actividades lejos de donde se encuentran los clientes que pagan por los mismos.

A estas modificaciones en los modelos productivos se añaden las enormes diferencias entre países en la fiscalidad de las empresas, de manera que éstas están explotando todo lo posible las lagunas legales para reducir al mínimo la factura fiscal.

Las sorprendentemente reducidas facturas fiscales de empresas que presentan enormes ingresos y beneficios están incrementando la sensibilidad social de los ciudadanos hacia estos hechos, que dañan a distintos actores de la actividad económica.

Primero, infligen daño a los gobiernos, porque reducen la recaudación y aumentan notablemente los costes de la gestión tributaria, al tratarse de operaciones de ingeniería fiscal muy complejas que exigen muchas horas de dedicación a los inspectores de Hacienda. Los ciudadanos, que están informados por los medios de comunicación, juzgan estas prácticas como injustas, socavando la ética fiscal sin la que ningún país puede funcionar. Los gobiernos se encuentran con menos recursos con los que llevar a cabo inversiones o sostener el gasto social.

Segundo, representa un coste para los contribuyentes. Los impuestos que no pagan las grandes empresas dentro del país, terminamos pagándolos los ciudadanos. Y en tercer lugar, las empresas que solo operan en un mercado se encuentran en desventaja, porque no pueden competir con las multinacionales que pagan menos impuestos y operan en su mismo sector.

Apple, Google, Facebook, Starbucks, Amazon, entre muchas otras, están utilizando hasta el límite las lagunas legales de carácter tributario que les están permitiendo reducir sus cargas fiscales hasta límites ridículos.

Es en Irlanda -pero también en Luxemburgo y Holanda- en donde se están concentrando este tipo de prácticas que permiten pagar poco a Hacienda. Para empezar, el tipo del impuesto de sociedades en Irlanda es del 12,5%, muy inferior al 25%-35% que aplican los distintos países de la UE y Estados Unidos. Pero el problema más grave es que muchas de las compañías ni siquiera pagan ese tipo reducido, utilizando un esquema de evasión que opera del siguiente modo. Una sucursal en Irlanda de una multinacional paga por utilizar los derechos de propiedad intelectual a otra sucursal de la misma multinacional con sede en las islas Bermudas o en otros paraísos fiscales situados en el Caribe (casi todos de soberanía británica). Como el impuesto de sociedades en esas islas es prácticamente cero, al final, la multinacional no paga nada ni en Irlanda ni en los paraísos fiscales. En otros casos, la figura jurídica que se utiliza es todavía más pintoresca. Las autoridades de Irlanda permiten que haya compañías con sucursales en el país que no son de ningún sitio, como si se tratara de apátridas, con lo que tampoco pagan impuestos.

En otros casos, las multinacionales utilizan otro método más tradicional. La central regional o mundial con sede en Irlanda, factura a las sucursales en los distintos países el coste de los servicios que les presta, así como los derechos de propiedad intelectual, vaciando completamente los beneficios de las sucursales que operan en países con una fiscalidad estándar del 25%-30%. Los beneficios se acumulan en la sucursal irlandesa que no paga impuestos o son muy reducidos. Para tener una idea global, los datos de la Hacienda de EEUU indican que en el año 2012, los beneficios de las multinacionales con sede en Irlanda, pagaron, como media, una tasa del 2,2% sobre los beneficios.

El Gobierno irlandés está siendo presionado por la UE para que modifique sustancialmente todo su régimen fiscal corporativo. La respuesta inicial de las autoridades de la isla ha sido que utilizan su soberanía fiscal de la forma que consideren más conveniente para sus intereses. En particular, afirman que los bajos impuestos son una herramienta de política industrial para atraer a empresas extranjeras.

Es cierto que, si tiene carácter permanente, puede conseguir ese objetivo. Pero no resulta sorprendente que los máximos ejecutivos de las multinacionales con sede en Irlanda, sean expertos fiscales, no ingenieros o economistas dedicados a las actividades productivas. Esto nos transmite una idea clara del objetivo de instalarse en suelo irlandés.

El Reino Unido ha tomado la delantera en la UE para evitar esta situación de práctica evasión fiscal, imponiendo la llamada tasa Google a las operaciones dentro del país: un 25% sobre los beneficios obtenidos dentro del territorio británico. En 2013, Google facturó más de 3400 millones de libras; pagó 20 millones en impuestos. La Hacienda española también se ve afectada por estas prácticas. Los estados no se legitiman por su mera existencia. Mucho menos hoy, con las devastadoras consecuencias que ha deparado la crisis. Los ciudadanos tienen que percibir que las normas que regulan la actividad económica, especialmente las fiscales, son inclusivas, que todos tenemos el deber de cumplirlas y que permiten sostener la estructura del Estado con criterios de equidad y proporcionalidad.

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