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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Niño, apaga la luz

Quizás sea el momento de acabar con la contaminación lumínica. A veces las crisis son una invitación a la sensatez

Polémicas sobre el ahorro energético aparte, el sentido común dice que nuestras ciudades están sobre iluminadas. No hay monumento, torre, espadaña o edificio notable que no reciba un chorro de luz. No hay hotel que no llene su fachada de foquitos. Nada pierde una ciudad en belleza y en seguridad si sus monumentos se apagan a las 10 de la noche. El patatús de las iluminaciones fue, desde su inicio, excesivo. Tanto en exteriores como en interiores monumentales. La iluminación ideal de un templo, por ejemplo, es la que permita un cierto recogimiento -y la temperatura lumínica tiene mucho que ver con ello- a la vez que el aprecio de sus altares y decoraciones sin incurrir en exageraciones. Las ciudades precisan de una iluminación que garantice la seguridad, tanto para evitar tropezones como agresiones favorecidas por la oscuridad. Pero también agradecen una cierta discreción lumínica.

Más importante que las iluminaciones de los monumentos es la temperatura en el interior de comercios, bares y restaurantes. No entiendo la larguísima lista de monumentos sevillanos que seguirán iluminados hasta la medianoche mientras se aplican restricciones a los interiores de estos establecimientos (afortunadamente se ha bajado de los 27º iniciales a los 25, entre otras razones porque a ello obliga la legislación de salud laboral). Menos importante que esto, pero siempre más que las iluminaciones de los monumentos, son las luces de los escaparates de los comercios que dan vida a las calles. O algunos neones que han acabado por definir la fisonomía de algún edificio o espacio urbano.

A lo mejor la crisis nos hace ser más sensatos. Hace años que, ante los abusos y exageraciones, se denuncia la contaminación lumínica. España, leo, es el tercer país de la UE con mayor contaminación lumínica (con valores medios de consumo por habitante y año de 116 kilovatios-hora, frente a los 43 que se consumen en Alemania o los 91 de Francia) y con mayor gasto de alumbrado público por habitante, mientras que algunas ciudades andaluzas, como Granada, se sitúan en el número 20 entre 2.216 municipios estudiados y otras, como Sevilla, el tercero en total de potencia emitida.

A veces las crisis, siempre indeseables, son una invitación a la sensatez. "Niño, apaga la luz, que no la regalan", mandaban los padres. "Apaga la luz, enciende el planeta", recomienda el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

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