La ciudad y los días

carlos / colón

Odian a Roma, símbolo de Occidente

AL condenar la destrucción del Arco del Triunfo de Palmira por la barbarie islamista, la directora general de la Unesco aseguró que el ataque a estas ruinas perpetrado por los yihadistas del llamado Estado Islámico es la "pura expresión del odio y la ignorancia" y que "esta nueva destrucción muestra hasta qué punto los extremistas están aterrorizados por la historia y la cultura, ya que el conocimiento del pasado resta credibilidad y deslegitima todos los pretextos utilizados para justificar esos crímenes". Hasta ahí, de acuerdo. Pero añadió que "la piedra de Palmira encarna todo lo que horroriza a los extremistas: la diversidad cultural, el diálogo de las culturas y el reencuentro de los pueblos de todos los orígenes en esa ciudad de paso del comercio entre Europa y Asia". Pues mire usted, no. La piedra de Palmira representa la civilización, por romanización, de todo territorio sobre el que Roma puso el pie. A diferencia de otros pueblos guerreros y expansivos, Roma romanizaba. Y este romanizar occidentalizando, este hacer romana toda tierra que conquistaran, este imponer su cultura y civilización netamente superiores por ser herederas del legado de Grecia es lo que verdaderamente temen y odian los fundamentalistas yihadistas.

Roma convertía en romanos los pueblos que conquistaba, otorgándoles la ciudadanía romana para consolidar en los más alejados territorios sus instituciones jurídicas, sus concepciones políticas, sus usos y tradiciones, su arte, su literatura, su arquitectura, sus espectáculos, su lengua y hasta sus modas y vestiduras. En su extenso imperio había cientos de miles de ciudadanos romanos integrados en la cultura latina que jamás habían puesto un pie en la Urbe. Romanos de distintas razas en Alejandría, Leptis Magna, Híspalis o Palmira, tan distintos de los habitantes de la Urbe como idénticos en pensamiento y formas de vida. ¿O no dio la Itálica emperadores a Roma? Teatros, foros, circos, calzadas, escuelas y gimnasios en los que se impartían los tres grados de educación se alzaban allí donde Roma romanizaba. Esto es lo que odian y temen los yihadistas: lo extraño que oscuramente intuyen superior a ellos. Pero que no se equivoque la directora de la Unesco: Palmira era Roma. Y si queremos frenar la barbarie, debemos romanizar: la democracia es un invento occidental.

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