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Pobres

Para aspirar desde el poder a proteger a los débiles es aconsejable renunciar a las poses farisaicas

Hace unos meses dijo una alcaldesa, la misma que calificó de facha al almirante Cervera, que su doble condición de pobre y bisexual "había generado muchas disrupciones". Es probable que la mayoría de sus conciudadanos no conociera hasta entonces los hábitos sexuales de la regidora -¿de verdad le importan a alguien sus relaciones con hombres o con mujeres?- ni menos todavía supiera de su indigencia, pero lo más llamativo de una afirmación que en este punto podría tildarse de incongruente, viniendo de una persona de su posición, es que parece dar a entender que los pobres lo son por naturaleza y para siempre, aun cuando, como es su caso, hayan llegado muy alto después de haber nacido en una "familia humilde". No hay nada más triste que avergonzarse de los parientes, pero tampoco está bonito presumir de linaje y no todos los que lo hacen son ricos de cuna o nobles engreídos. Inspiran desconfianza los individuos que recuerdan insistentemente sus orígenes, sea para recalcar su hidalguía o poner de manifiesto una extracción modesta que por lo demás, lejos de generar disrupciones, suele ser considerada como mérito añadido a las cualidades personales. Los pobres no conforman un segmento homogéneo de la población y lo único que los une es el deseo de dejar de serlo. No existe esa casta inversa a la que se precian de pertenecer los autoproclamados enemigos de la casta. Las puertas del arroyo están abiertas a cualquiera -de la precariedad no escapa casi nadie- que caiga en desgracia, sea cual sea su ideología. Un pobre real jamás se definiría como pobre y para aspirar desde el poder a proteger a los débiles es aconsejable renunciar a las poses farisaicas. Viene de atrás esta burda demagogia que no puede sino ofender a quienes no necesitan padrecitos, sino respeto, solidaridad, derechos, oportunidades. Del mismo modo que los burgueses acomodados no comprendían que les salieran hijos contestatarios, los viejos marxistas no entendían que hubiera obreros conservadores y despreciaban a los miserables -el famoso lumpenproletariado- que no tenían, por indisciplinados o individualistas, conciencia de clase. ¿Son menos pobres o pobres de segunda los pobres que no se interesan por la redención colectiva o no confían en los supuestos defensores de los pobres? Sabemos, por otra parte, que hay mucha gente adinerada, incluidos notorios miembros del partido de la alcaldesa o los empresarios buenos que lo apoyan, que se declaran radicales e izquierdistas hasta la médula, como esos muy instalados bobos(bourgeois bohemian) que para colmo nos sermonean a todas horas. Y de estas cosas, claro, los pobres de verdad se dan cuenta.

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