Pritzker en Los Pajaritos

Creo que se puede estudiar y mejorar lo que hay pensado para los barrios de Sevilla

Este año el prestigioso premio Pritzker, definido mediáticamente como el Nobel de Arquitectura, ha sido concedido a los arquitectos franceses Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal por su arquitectura pensada más en añadir y no derribar, considerando la economía como una de las herramientas del diseño arquitectónico. ¿Por qué es tan importante esta elección? El premio Pritzker hace años que fija su mirada en los aspectos sociales del trabajo arquitectónico. Es el caso de Lacaton y Vassal, que han demostrado, con sus intervenciones en bloques de viviendas sociales en las periferias de las ciudades francesas, la manera en que la arquitectura puede contribuir a romper el círculo vicioso de marginalidad de tantos barrios y barriadas.

Con menos coste que derribar los bloques, desarraigar a sus visitantes, construir nuevas viviendas y realojar a las familias, han podido mejorar y ampliar las viviendas, con espacios libres en cada alojamiento, añadiendo elementos prefabricados que crean terrazas, sin que los habitantes hayan tenido que salir de sus viviendas, ni descolgar los retratos familiares o los carteles de los grupos musicales favoritos de los adolescentes de la casa, ni desmontar el diván donde las familias se reúnen. El jurado del Premio Pritzker 2021 ha destacado la "humildad en un enfoque que respeta los objetivos de los diseñadores originales y las aspiraciones de los actuales residentes".

Al visitar la exposición de su obra que podemos ver en estos días en las salas del ICO en Madrid, es inevitable pensar en Sevilla y nuestros barrios más desfavorecidos: Los Pajaritos, Santa Teresa, La Candelaria, las Tres Mil y, claro está, todo el Polígono Sur, que ocultamos de nuestra vista detrás de la última y vergonzante tapia del ferrocarril que aún mantenemos en pie, que los separa de Bami y barrios limítrofes. Ya en 2014 el Ayuntamiento de Sevilla acometió en algunos barrios, como Los Pajaritos, el derribo de bloques degradados y la sustitución por otros nuevos más acordes con las necesidades de viviendas actuales. Después de algunos retrasos se iniciaron las obras y al cabo de pocos años han cambiado la estrategia desde 2019, para reformar en vez de derribar y construir de nuevo. Creo que a los problemas de todo tipo que han surgido, como retrasos y el desarraigo de las familias que ya no vuelven al barrio, también están los económicos, porque reformar es más barato, pero con un grave déficit del objetivo original, las viviendas reformadas van a seguir teniendo 40 metros cuadrados para alojar a una familia y sin ascensor.

El trabajo de los arquitectos franceses distinguidos con el premio Pritzker no consiste en reformar lo existente, sino en mejorarlo sustancialmente, añadiendo superficie y habitabilidad, utilizando de una forma más inteligente el dinero que el Estado había puesto a disposición de las obras. Cada caso tendrá su dificultad propia, pero creo que se puede estudiar y mejorar lo que hay pensado para los barrios de Sevilla.

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