Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Repúblicas

SUPE que habíamos tenido una bandera distinta durante la Segunda República en la noche de un domingo del 73, cuando la serie documental España siglo XX analizó, con la que estaba cayendo, lo sucedido en los años 30. Mi padre sonrió a aquel niño que apuntaba maneras y le añadió detalles como si fuera un secreto inconfesable de familia. Era una bandera por la que unos cuantos parientes dieron su vida. Años después también supe que por aquel capítulo republicano hubo grandes broncas en TVE y un tirón de orejas al mismísimo José María Pemán, que firmaba los guiones. En realidad la narración de aquel capítulo corría a cargo del almeriense José Antonio Martínez Soler, brillante periodista que sufrió lo suyo en la Transición y que fue la sonrisa de la primera televisión matinal, allá por el 86, antes de que recuperara la cabecera de El Sol.

Ese tempranero descubrimiento republicano, gracias a un clamoroso despiste del censor de turno de TVE, me hizo fascinar por esa bandera en los sarampiones adolescentes. Hace unos 25 años dejamos la tricolor en la vitrina de la Historia, debiéndole el respeto a lo que representó. Pero con el nuevo siglo hay quienes la desembalaron, empezaron a enarbolarla con afanes de enfrentamiento y han convertido la enseña republicana en un símbolo anti-institucional. Se puso de moda para arremeter contra el PP, como escarapela de no sé que progresismo, y ahora se airea en todas las manifestaciones que se precien, tanto para defender a Garzón como en el Día del Orgullo Gay y, por supuesto, en el 1 de Mayo. También la llevaba en su pelo la piconera que promocionaba en Carnaval el Bicentenario de 1812 (¿a qué venía eso?). No me extraña que, a lo Águila roja, saquen la serie de un héroe matafranceses republicano en el 12. Quieren convertir la Historia en un trozo de goma, reversible, devaluada por su manoseo.

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