Antonio Navarro Amuedo

Resiliencia

La casta y el coraje era en el himno de Osquiguilea; el nunca se rinde, en el del Arrebato

Fue la palabra más repetida por el entrenador del Sevilla Fútbol Club, Julen Lopetegui, al terminar el partido de semifinales de la Europa League entre el citado club de esta ciudad y el Manchester United inglés el pasado domingo. Dondequiera que sintonizara, television o radio, ahí estaba Lopetegui para hablar de resiliencia. Término de origen latino –resilio, volver atrás, regresar de un salto–, más que probablemente la fortuna de este término del ámbito de la psicología se deba a la lengua inglesa, capaz de centrifugar latinismos y ponerlos de moda. En corto: capacidad de adaptación y resistencia ante la adversidad. Primero fue la casta y el coraje del himno de Osquiguilea, después el dicen que nunca se rinde del Arrebato y ahora la resiliencia del ex portero guipuzcoano.

Son eso que se viene en llamar señas de identidad del club del barrio de Nervión. La tradición es así: nace con un verso forzado y acaba haciéndose fuerte, fortísima. Lo cierto es que el relato de este club era el preciosismo, la espuela y la clase. Lo de la resiliencia y la resistencia quedaban lejos.  Ahora, en cambio, es lo que alimenta su éxito y le hace levantar trofeos sin parar (quién nos lo habría dicho generaciones nacidas en los cincuenta, en los sesenta, en los setenta o en los ochenta). Muchos sevillistas no nos reconocemos en el éxito.

Sea como fuere, el de la resiliencia es hoy el valor al alza en el Sevilla FC. Más allá del éxito o del fracaso esta noche en que los sevillanos y sevillistas pueden ganar su sexta UEFA/Europa League en la final contra el Inter justo es el reconocimiento de lo logrado por este club en los ultimos quince años y ello con la llegada a la presidencia de un carácter y un destino llamado José María del Nido. Un éxito insuficientemente conocido, valorado y difundido en Andalucía y España. Andalucía es provincialmente cainita y España, ya lo dijo don Antonio Machado, desprecia cuanto ignora. Siempre que he oído, de Algeciras a Estambul, pasando por Moscú o Edimburgo, hablar de esta ciudad fue para bien. Parte de esa imagen se debe al Sevilla FC, club que defiendo hoy por pura casualidad (pues pude haber nacido en cualquier otra parte del mundo). Me nacieron en Sevilla, parafraseando a Azorín. Yo no decidí nada.

Hay una forma de trabajar y un éxito que debería espolearnos a todos. De Ayamonte a Carboneras, de Cádiz a Gerona. El éxito cecea como Pepe Castro y Ramón Rodríguez Monchi. El del Sevilla FC es ejemplo de rigor,  trabajo y buen hacer. Ejemplo internacional, digo. Los resultados del club sevillano en este deporte de ingleses ociosos están ahí. Sé que el éxito del Sevilla FC se estudia en facultades y másteres de empresariales y Monchi enamora al mundo. Vamos a acercarnos más a este éxito y a difundirlo por Europa y el mundo. Vamos a aprender de él en esta ciudad quejosa y perezosa. En esta ciudad siempre escasa de espíritu emprendedor, cosmopolita y aventurero.

Tomemos todos nota. También el otro club de fútbol de Sevilla, el Real Betis Balompié, que lastra su enorme potencial una y otra vez por su conformismo. Hoy el Sevilla FC vuelve a una cita histórica. Al fin y al cabo es un deporte y puede salir mal. Es decir, perder sobre el césped. Toda Sevilla, Andalucía y España deberían estar con esta sociedad anónima deportiva. Por el bien de todos. En estos tiempos de incertidumbre y miedo el ejemplo de resiliencia y buen hacer del Sevilla FC, orgullo obligatorio de todos, nos hace falta. Mucha falta.

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