Responsables

Mientras se culpan unos a otros, o a los ciudadanos, no hay el ritmo de vacunación que evitaría miles de muertos

La evolución de la gráfica de contagios por Covid-19, tanto en Sevilla como en Andalucía y España, se eleva a gran velocidad sólo pocos días después de haber concluido la Navidad. Todos somos responsables de ello, pero los mandatarios políticos de Sanidad, singularmente quien tiene la competencia de salud publica en una pandemia, que es el Ministerio, intenta señalar a los ciudadanos como principales culpables de que el coronavirus se extienda de forma alarmante.

La pregunta es inmediata, ¿cómo podemos evitar que un virus indetectable, porque no da señales cuando uno se contagia -se sea después asintomático o no- se expanda cuando la mayoría de la población sí cumple con las normas fijadas? La respuesta debería ser que las normas son ineficientes y no echar la culpa a quien, además, intenta preservar sus propia salud individual. Pero somos un país diferente.

La tercera ola es un hecho en toda Europa. Y todos los países endurecen los controles. Pero aquí, el Gobierno sigue intentando huir de su responsabilidad y repartir culpas entre las comunidades autónomas. El desgaste sufrido en los meses de confinamiento y la primera ola está detrás de una decisión que claramente agrava la situación. Que no haya habido un criterio uniforme en toda España para regular qué se podía hacer y qué no en Navidad es la muestra evidente de ello.

Todo se politiza. Y siempre la culpa es del contrario. Al ciudadano sólo le queda el hartazgo y extremar el cuidado. Y ni aun así está libre del contagio. Ni los sevillanos, ni los andaluces ni los españoles tienen la culpa de contagiarse en Navidad ni se les puede señalar cuando ha habido una regulación por territorio y una clara voluntad de los responsables políticos, en el Gobierno y en las autonomías, también la Junta de Andalucía, de no tomar decisiones drásticas en esas fechas. Sólo hay que mirar los cambios respecto a los horarios de la hostelería, sangrantes en el caso andaluz por ceder a la mínima presión del sector, para convencerse.

Y mientras se culpan unos a otros, o a los propios ciudadanos, los resultados de la vacunación señalan que no se están haciendo todos los esfuerzos para evitar miles de muertos, más de 80.000 según los registros del Instituto Nacional de Estadística, que añaden unos 30.000 fallecidos a los registros de Sanidad. Si tanto nos jugábamos en Navidad, hasta el punto de plantear ahora un nuevo confinamiento total, que tendría consecuencias desastrosas para la economía y el empleo, ¿por qué no se restringió más la movilidad en una época en la que el país se para? ¿Por qué no es obligatoria la vacunación? ¿Por qué se no está vacunando a un ritmo mucho mayor? Todos somos responsables, pero algunos más que otros.

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