La ciudad y los días

Carlos Colón

Ruido estúpido, mentirosa propaganda

DISPARATES. Una plataforma ha presentado en los juzgados de Santiago, La Coruña, Barcelona y Madrid una denuncia para que el Papa sea "detenido cuando se encuentre en territorio español" por ser el jefe de una institución que "encubre pederastas de manera sistemática y organizada" y hace "apología de la violencia contra las mujeres, la homofobia y la discriminación por razón de género, raza e ideología política y religiosa". Es cierto, desgraciadamente, que la Iglesia ha encubierto a pederastas. Pero no por lo que tiene de institución religiosa, sino de organización humana: no existe estructura -desde los partidos a los gobiernos, pasando por todas las estructuras de poder, conocimiento o influencia- que no intente sofocar los escándalos que puedan perjudicarla, que no cierre filas ante los propios errores o crímenes escudándose tras la consigna de que denunciarlos es dar armas al enemigo.

La Iglesia está pagando muy caro esta gravísima traición a las enseñanzas de su fundador -"al que escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino y lo hundieran en el fondo del mar"- con un desprestigio, un sufrimiento y una vergüenza que le servirá para ser más fiel al Nazareno, más dura para con los delincuentes, y más justa y compasiva para con sus víctimas. Dicho lo cual hay que añadir que este Papa es el que está actuando contra ello con mayor contundencia y que el resto de las acusaciones son falsas e injuriosas. Ruido estúpido y mentirosa propaganda.

Plataformas extravagantes hay en este país más que en la Inglaterra victoriana. Y sin un Dickens que les escriba sus papeles póstumos.

Soportarlas es un mal menor si lo comparamos con el bien mayor de la libertad de asociación, expresión y pensamiento. Lo lamentable es que al coro se sumen, con insultos y no con argumentos, con groseras simplificaciones y no con rigor crítico, firmas de prestigio y personalidades políticas. El más grosero anticlericalismo castizo ha resucitado estos días, recordando la España negra de La traca, la revista humorística famosa por su rabioso anticlericalismo que, mientras se producían los fusilamientos de religiosos, echaba leña al fuego desde su sección ¿Qué haría usted con la gente de sotana?.

Aquel país de bárbaros que con tanta desesperación describió Manuel Chaves Nogales en su A sangre y fuego, remató la cuestión a su estilo sanguinario: los franquistas fusilaron al director y a varios colaboradores de la revista. Comparado con aquello, los disparates, groserías y simplezas que estos días leemos son una broma. Pero pesada.

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