La ciudad y los días

carlos / colón

Sacher-Masoch y Andalucía

TRAS varios días leyendo a sesudos columnistas, y oyendo a locuaces y bien informados tertulianos, nadie me resuelve algunas dudas sobre la encuesta del CIS:

a) Dado lo moderado del castigo al PSOE, aunque saque los peores resultados de su historia, ¿a los andaluces nos importa un pito la corrupción institucionalizada, nos resbala que dos ex presidentes y un puñado de altos cargos estén imputados, ni nos va ni nos viene que seamos campeones en parados y fracaso escolar? ¿Quién me compra el misterio de que el 37,9% y el 37,1% de los andaluces considere la situación económica mala o muy mala, y el 40,4% y el 41% igual a la de hace tres años y aún peor, pero que ello no nos impida volver a votar mayoritariamente a los responsables directos de estos males? Ganaría en Andalucía un partido cuya actuación en la Junta sólo considera buena o muy buena el 11,1% y el 0,8% de los ciudadanos, mientras el 37,1% y el 30,1% la considera regular o mala. Sacher-Masoch, y no los Quintero, refleja nuestra idiosincrasia.

b) ¿Puede deducirse de lo anterior que los andaluces consideramos al PSOE un mal menor frente al mal mayor que supondría que el PP llegara a la Junta? Y si esto fuera así, ¿se debería a que en Andalucía el conservadurismo ha encontrado acomodo en el voto rutinario o estabulado al PSOE? ¿A que los socialistas satisfacen mejor que nadie nuestra pasión folclórico-jaranera vía Canal Sur, dejándonos adormilados frente al televisor -sintonizado en la nuestra con breves escapadas a esa casi nuestra que es Tele 5, la cadena más vista en Andalucía y nutrida de frikis andaluces- con esa soñarrera que impide cambiar de postura aunque duela una pierna dormida? Porque es raro que en Andalucía hagan más ruido Gürtel o Bárcenas, dañando al PP, que los ERE o los cursos de formación que han pasado una modesta factura al PSOE.

c) ¿Se puede deducir de la encuesta que los andaluces tenemos mucho más claras nuestras fobias que nuestras filias? Porque es tan firme la aversión a los partidos que aborrecemos -entre el 50% y el 60% nunca votaría al PP o IU y el 36,2% nunca lo haría al PSOE- como débil el apoyo a los que amamos.

Sólo es una encuesta, ya; y el CIS en las últimas autonómicas no dio pie con bolo. Pero aun así no debería extrañarnos que se pensara de nosotros lo mismo que Obélix pensaba de los romanos.

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