Tribuna de opinión

Manuel Fernández

Semana de la Movilidad, de la foto a la realidad

El presidente de la asociación Sevillasemueve recuerda a los políticos que no basta hacerse fotos y dar declaraciones de intenciones si luego no potencian el transporte público

Una joven en bicicleta y varias personas paseando a pie por la calle Amor de Dios. Una joven en bicicleta y varias personas paseando a pie por la calle Amor de Dios.

Una joven en bicicleta y varias personas paseando a pie por la calle Amor de Dios. / Juan Carlos Vázquez

EN estos días, Sevilla ha celebrado un año más la Semana Europea de la Movilidad, un evento lúdico que pretende contribuir a divulgar la necesidad de usar el transporte público y los beneficios que éste implica. Si bien es cierto que esto debería hacerse cada día, nunca viene mal para reforzar esta necesaria labor de concienciación social con alguna celebración extraordinaria. Cada año se elige un tema concreto sobre el que poner especial énfasis y en esta ocasión ha sido la multimodalidad, aunque a menudo no pasa de ser un eslogan dentro de la celebración organizada por cada ciudad.

Así, esta semana hemos tenido debates, visitas, música, actividades infantiles, una gymkana o hasta un corte de calle, que desde Sevillasemueve esperamos hayan sido un éxito de participación e implicación ciudadana. Todo ello organizado por el Ayuntamiento de Sevilla, que comparte con la Junta de Andalucía y el Gobierno Central las responsabilidades en materia de movilidad.

Pero volverá a ser lunes. Tussam seguirá teniendo las mismas frecuencias y circulará por los mismos carriles bus. Los autobuses metropolitanos seguirán siendo los mismos, con las mismas limitaciones horarias y supeditados a los mismos atascos en las diversas entradas a la ciudad. El Metro seguirá siendo el mismo también, con esa única línea existente. Los Cercanías también serán los mismos, con las mismas pírricas frecuencias de algunas de las líneas, su mismo precio y su mismo sistema tarifario que tan poco invita al uso frecuente. El ecosistema ciclista también seguirá siendo el mismo, con sus mismos kilómetros de carriles bici, el mismo número de bicicletas públicas y con las mismas limitaciones en las estaciones de Sevici y en aparcabicis público y privados. Por supuesto el vehículo privado seguirá campando prácticamente a sus anchas, sin las deseables limitaciones que deberían establecerse, como mínimo, en el centro histórico.

Y como no podría ser de otra forma, la intermodalidad –recuerden: el tema central de esta Semana Europea de la Movilidad– también seguirá siendo la misma: con la inexistente tarifa única real y de un abono de transporte global, o la nula integración de Cercanías o Sevici. Pero se habrán hecho muchas fotos y muchas declaraciones de intenciones. Y no habrá pasado nada más. Sevilla arrastra una preocupante década de estancamiento en materia de movilidad, y una bochornosa lista de planes y proyectos que duermen en demasiados cajones, para desesperación de los ciudadanos que cada día sufren las mismas limitaciones para llegar a sus centro de trabajo, estudio, o para cubrir las necesidades que correspondan.

Poco se ha hecho para mejorar los tiempos de paso en Tussam. Poco se ha hecho para mejorar el acceso de los autobuses metropolitanos a la capital o la conexión entre municipios vecinos. Nada se ha hecho por mejorar las frecuencias de algunas líneas de Cercanías orilladas para evitar que por incentivar la demanda sean necesarios más trenes, ni por supuesto por su integración tarifaria con el resto de medios de transportes. Nada se ha hecho para corregir la decadencia en el servicio de bicicletas públicas Sevici. La excusa de la crisis sirve para todo, pero lo cierto es que todas estas deficiencias se deben casi en su totalidad a tareas de gestión. Es decir, de voluntad política y de entendimiento.

Todo esto no es competencia exclusiva del Ayuntamiento, sino también de Junta y Gobierno Central, cuya actitud para con Sevilla es básicamente la misma. Ahí yace el Consorcio de Transportes, un ente cuya aspiración, de cara al ciudadano, no pasa de instrumento para guerras partidistas y de nula ambición de mejorar.

Evidentemente hay asuntos de mayor calado. Así, el ansiado acuerdo para retomar las obras del Metro de Sevilla sigue en el mismo estado mientras el mes anunciado para su firma definitiva va tocando a su fin, al tiempo que suenan campanas de adelantos electorales, que nos mandaría una vez más a la casilla de salida. Si es que realmente hemos avanzado alguna...

En definitiva, y aunque no se haya contado durante esta Semana Europea de la Movilidad, desgraciadamente esta es la foto de cada día en una ciudad atascada y sin aparente previsión de cambio, y donde todas y cada una de las administraciones tienen su parte de responsabilidad en un problema global en un área metropolitana de más de un millón de habitantes. Y desde Sevillasemueve no vamos a dejar de repetirlo hasta que no veamos que los responsables políticos dejan de hablar para ponerse a resolver.

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